Los 17 pueblos más bonitos de Salamanca

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La ciudad de Salamanca eclipsa. Puede parecer una afirmación exagerada propia de dos charros. Pero lo cierto es que muchos de los visitantes que, por ejemplo, pasan un fin de semana en la ciudad, no tienen tiempo para explorar más. La provincia queda en un segundo plano. Sin embargo, Salamanca puede presumir de contar con algunos de los pueblos más bonitos de España. Al margen de paisajes singulares como las sierras de Francia y Béjar, las Arribes del Duero y la dehesa, la riqueza urbana es incalculable. Y no hablamos solo de La Alberca y Mogarraz, las dos localidades más populares y visitadas. Vamos a ir más allá. Por eso os proponemos una ruta por los pueblos más bonitos de Salamanca sin miedo de dejarnos ninguno en el tintero. No es tarea fácil, pero lo intentaremos.

Ruta por los pueblos más bonitos de Salamanca

Siempre es buen momento de mirar hacia nuestro interior. En sentido figurado y literal. Poner el foco en esa España rural (llamada ahora vaciada) donde no hay decorados de cartón piedra y todo es aplastantemente real. Para lo bueno y para lo malo. Ahora más que nunca hay que redescubrir provincias como la de Salamanca. Con el respeto y la cordura que imponen estos nuevos tiempos, pero con los ojos y la mente bien abiertos para dejarnos sorprender. Desconectar de todo aquello que nos aflige en alojamientos rurales desde los que explorar pueblos con encanto y paisajes fascinantes. Vamos a viajar por algunos de los pueblos más bonitos de Salamanca a lo largo y ancho de su geografía.

Miranda del Castañar

Miranda del Castañar tiene todos los ingredientes para brillar. Un casco histórico bien conservado que expone la más auténtica arquitectura serrana. Una serie de elegantes casas solariegas que lucen con orgullo los blasones de las familias que las habitaron. Una curiosa plaza de toros rectangular del siglo XVI donde hoy podemos estacionar el vehículo para adentrarnos en Miranda. Un notable patrimonio religioso donde brillan su iglesia gótica y las ermitas del Cristo del Humilladero y de la Virgen de la Cuesta. Y por último, y no menos importante, un imponente castillo (no visitable) del siglo XV y una muralla de la que se conservan algo más de 600 metros en perfecto estado. ¿Se puede pedir más? Sí, que Miranda del Castañar fue una de las seis villas que configuraron lo que hoy es la provincia de Salamanca. Y que además está abrigada por la frondosidad de los castaños, robles y madroños de la Sierra de Francia.

Castillo de Miranda del Castañar
Una calle de Miranda del Castañar
Un rincón de Miranda del Castañar

Desde Miranda del Castañar parten rutas de senderismo como el Camino de los Prodigios y el Camino de los Rodales, entre otros. Es considerado por muchos el pueblo más bonito de Salamanca, quizás porque conserva esa esencia alejada del turismo de masas que tango gusta.

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Candelario

Batipuertas y regaderas. El castellano se enriquece en Candelario con términos que forjan la personalidad de una localidad que mira continuamente a la montaña, la de su sierra de Candelario. Las batipuertas son unos grandes portones de madera que sirven como antesala de la verdadera puerta de la vivienda. Una barrera para frenar la nieve que, antes del cambio climático, se acumulaba sin compasión en las calles de Candelario. Una nieve que también surtía de agua al pueblo cuando llegaba el deshielo. Un agua que se desliza por las regaderas, los pequeños canales que están presentes en su casco antiguo y que ayudaban a regar los huertos, y también a despedirse de los despojos de los marranos cuando se realizaba la matanza.

Ermita del Humilladero de Candelario con la sierra al fondo
Una calle con las típicas regaderas de Candelario
Iglesia de Candelario

Caminar por las empinadas calles de Candelario mientras nos mece el sonido del agua es una delicia. Si además lo hacemos en invierno o principios de la primavera será probable que nos acompañe la estampa del pico Calvitero totalmente cubierto de nieve. Una postal de la que disfrutaremos con más intensidad junto a la ermita del Humilladero. Otra de esas imágenes dignas de Instagram es la que nos regala la empinada calle que sube hasta su iglesia, del siglo XVI y con un imponente rosetón gótico que llena de luz su interior. Villa chacinera, será complicado marcharse sin adquirir uno de sus apreciados embutidos. Y tampoco sin perdernos por parajes naturales cercanos como la ‘salvaje’ Garganta del Oso o La Mangá, una de las mejores cascadas de Salamanca.

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La Alberca

“La síntesis de la cultura cristiana, islámica y judaica”. Así define el poeta albercano José Luis Puerto el dédalo de calles y callejuelas que integran el casco histórico de su localidad natal. La Alberca goza del reconocimiento unánime del viajero. Es el pueblo más visitado de la provincia de Salamanca y quizás por ello haya perdido algo de atractivo para los oriundos de Salamanca. Eso no quiere decir que pongamos en tela de juicio su belleza. Su principal baza es un cuidadísimo casco antiguo donde se ha respectado estrictamente la arquitectura tradicional albercana. El prototipo son las casas de tres pisos, donde en la planta baja se guardaba el ganado y los aperos del campo, en la primera estaba la vivienda y en la última, el desván o secadero de embutidos. Sus fachadas, con grandes tablones de madera a modo de nervios y sujetados con piedras, barro y argamasa (llamados tramoneras), son toda una oda el espíritu de supervivencia. Al uso de los recursos cercanos para diseñador casas robustas que han aguantado con suficiencia el paso del tiempo y las duras condiciones climáticas de este enclave de la Sierra de Francia.

Plaza Mayor de La Alberca

La Alberca no se puede entender sin sus tradiciones, como “La moza de las ánimas”, el “Marrano de san Antón” o la espectacular Loa de cada 16 de agosto que escenifica la lucha entre el bien y el mal y el triunfo del primero. Su iglesia, del siglo XVIII, que guarda magníficas tallas como la del Santísimo Cristo del Sudor, es una visita obligada a una localidad donde su imagen más recurrente se encuentra en la Plaza Mayor. Es casi un pecado marcharse sin comprar alguno de sus embutidos, pero también turrones y miel. Un consejo: hay que subir las escaleras que llevan hasta la panadería Domingo Sanz, un homenaje al pan y a los dulces más auténticos en la estrecha y a veces olvidada calle Balsada.

Un rincón pintoresco de La Alberca

En el entorno de La Alberca existen rutas de senderismo muy interesantes como el Camino de las Raíces, el sendero que lleva a Herguijuela de la Sierra y que en otoño es un espectáculo visual y la ruta de La Torrita y la Portilla Bejarana.

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Mogarraz

En Mogarraz nos sentiremos observados. Por todos y cada uno de sus vecinos. Nadie faltará a la cita. No es un pueblo de cotillas que retiran el visillo para acechar al visitante, ni mucho menos. Son los rostros de los mogarreños que el artista local Florencio Maíllo ha inmortalizado de la forma más original y bella posible. En retratos repletos de expresividad y verdad que se mimetizan con las fachadas de las casas serranas del casco antiguo de la localidad. Un entramado cuidado con mimo que ha convertido a Mogarraz en un epicentro del turismo en la provincia de Salamanca, especialmente en lo que a madrileños se refiere. A eso ayuda y mucho su cercanía con La Alberca, de la que la separan solo 7 kilómetros.

Retratos de Florencio Maíllo en una casa de Mogarraz y el marrano de San Antón pueblos más bonitos de Salamanca
Retratos de Florencio Maíllo en una casa de Mogarraz y el marrano de San Antón
Una calle de Mogarraz

Villa repoblada por los franceses tras la Reconquista como sucedió con gran parte de la Sierra de Francia (de ahí su nombre), su arquitectura se asemeja a la de La Alberca con casas perfectamente rehabilitadas y fachadas levantadas en tramonera y piedras. Tierra de buenos vinos donde se ha recuperado con éxito una variedad autóctona llamada rufete gracias a una de las bodegas más prestigiosas de la Denominación de Origen Sierra de Francia. En Mogarraz, como no podía ser de otra forma, hay espacio para el senderismo gracias a la que podíamos afirmar que es la ruta más popular de toda la provincia de Salamanca, el Camino del Agua.

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Ciudad Rodrigo

La Miróbriga romana es hoy una de las ciudades fortificadas más sobresalientes de España. Tenaz y luchadora. Así lo demostró durante los asedios de las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia. Las heridas de aquella contienda son perfectamente visibles en los muros de su catedral de Santa María. Porque Ciudad Rodrigo es el único municipio salmantino (al margen de su capital) que tiene Diócesis propia y, por lo tanto, catedral.

Plaza de Herrasti de Ciudad Rodrigo con la catedral al fondo

El interior de su recinto amurallado nos propone un viaje en el tiempo por diferentes épocas. El siglo XIV, por ejemplo, gracias a esa mezcla entre castillo y alcázar al que le dio relumbrón Enrique II de Trastámara y que hoy es uno de los Paradores de Turismo más bellos de España. El siglo XVI, en el elegante palacio de Los Águila, el mayor de todos con los que cuenta Ciudad Rodrigo que son muchos. O el siglo XVIII con el hospital de la Pasión, una joya con influencias judías como demuestra la higuera de su patio interior.

Plaza Mayor de Ciudad Rodrigo

Ciudad Rodrigo es para pasearla a cámara lenta. Fundamental recorrer al completo el perímetro de su muralla. Como necesario es probar su plato típico. La grandeza de la sencillez. Los huevos con farinato. Si además lo hacemos en su vetusto bar El Sanatorio, en plena Plaza Mayor, nos acercaremos a las imágenes de una de las fiestas más singulares que se encuentran en la piel de toro. El Carnaval del Toro, valga la redundancia.

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Ledesma

Hemos querido comenzar esta lista con los seis municipios de Salamanca incluidos en la red de ‘Los pueblos más bonitos de España’. Entre otras cosas porque coincidimos en esa apreciación, aunque obviamente no son los únicos que se lo merecen. Ledesma fue el último en acceder. La Bletisa de los romanos es una imponente villa eminentemente ganadera que se asoma a la irregular ribera granítica del Tormes. El río, a su paso por Ledesma, forma un amago de arribes que son salvadas por dos de los puentes de la localidad, el Viejo, construido en el Medievo, y el Nuevo, levantado en hormigón en los años de la posguerra.  Pero si hablamos de puentes hay que hacerlo del Mocho, de origen romano y ubicado fuera del casco urbano en mitad de la dehesa.

Puerta de San Nicolás de Ledesma

Ledesma ha recuperado con trabajo y dedicación un casco antiguo donde sobresale por encima de todo la imponente iglesia de Santa María la Mayor que guarda una extraordinaria sillería coral gótica. La villa está ligada al nombre de Beltrán de la Cueva, destacado noble y valido de Enrique IV de Castilla que le dio esplendor y pujanza en el siglo XV. Fue el encargado de ampliar el castillo ledesmino, conocido como La Fortaleza.

Puente Mocho de Ledesma

Fuera de los restos de su muralla, donde despunta la bella puerta de San Nicolás, Ledesma nos propone un paseo mirando al río, especialmente por su Puente Viejo camino de la coqueta ermita de Nuestra Señora del Carmen. Y durante la visita habrá que dejar espacio para las tentaciones dulces. En forma redonda concretamente. La que tienen las pequeñas y deliciosas rosquillas de Ledesma, el producto más típico de la villa.

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Montemayor del Río

Es una de nuestras debilidades. ¿Por qué? Por su carácter oculto, casi asilado entre un frondoso bosque que castaños y robles a orillas del gélido río Cuerpo de Hombre. Por su imponente castillo de San Vicente, rehabilitado eso sí, pero uno de los pocos de la provincia que se puede visitar. Por lo que queda de su arquitectura tradicional en su casco histórico, donde incluso se conserva una pequeña judería. Y por los dulces de Nieves, por supuesto. La repostera más conocida de la comarca que elabora unas flores para chuparse los dedos. Pero por encima de todo está la sensación de paz, de sosiego, de absoluta calma.

Castillo de San Vicente de Montemayor del Río

Montemayor del Río pertenece a la comarca de Béjar, pero casi se sitúa a caballo entre en las altas cumbres bejaranas y la Sierra de Francia. Se echa de menos la uniformidad en la arquitectura de la que hacen gala otros pueblos serranos, pero al menos se aprecia en espacios como su Plaza Mayor y el cálido y casi místico Mirador de la Villa, presidido por un vigoroso olivo. El problema de Montemayor del Río es el abandono fruto de de la despoblación. La ausencia, por ejemplo, de casas rurales. Pero quizás todo ello hace que su carácter sea más auténtico. En la localidad sobreviven estoicos un buen puñado de artesanos cesteros, que obtienen la materia prima de esos castaños que en otoño visten de sus mejores galas. Muy recomendable caminar en esa época por el sendero micológico que une Montemayor del Río con la cercana localidad de El Cerro.

Vista de Montemayor del Río
Judería de Montemayor del Río

Pero si hay una vista que domina la silueta de Montemayor esa es la de su castillo de San Vicente. De origen árabe, pero reconstruido totalmente en el siglo XV y rehabilitado recientemente. Cuenta con un interesante restaurante y se realizan visitas guiadas por su interior.

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San Martín del Castañar

Es otro prototipo de manual de pueblo serrano. No tan popular como La Alberca, Mogarraz y Miranda del Castañar, pero con un atractivo indudable y no menor que el de sus vecinos. Se alza en una atalaya junto al curso del río Francia y rodeado de la flora autóctona del parque natural donde mandan castaños, robles, madroños…

Plaza Mayor de San Martín del Castañar

Hay dos lugares del casco urbano de San Martín de Castañar especialmente magnéticos. Su Plaza Mayor, asimétrica y presidida por una fuente de granito. La arquitectura serrana marca la fotografía de este espacio donde llama la atención el conocido como ‘portalón’, el lugar desde donde los mandamases de San Martín disfrutaban resguardados de los actos que se realizaban en la Plaza.

Una calle de San Martín del Castañar

El otro enclave es la plaza de toros y el castillo. La primera, tosca, desigual y por esta razón rotundamente hermosa, data del siglo XVII. Está considerada la segunda más antigua de España después de ‘La Ancianita’ de Béjar. El castillo, del siglo XV tiene la peculiaridad de albergar tras sus muros el cementerio de la localidad. Está totalmente rehabilitado para acoger el centro de interpretación de la Reserva de la Biosfera de las sierras de Béjar y Francia.

Y como somos golosos no podemos dejar de mencionar que San Martín del Castañar cuenta con un auténtico templo de la repostería en la provincia de Salamanca. Junto a la iglesia se ubica la panadería Sierra de Francia, donde brillan con luz propias las magdalenas de chocolate.

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Villanueva del Conde

Uniforme arquitectura típica con viviendas de tres alturas levantadas en tramoneras y piedras. Abrigada por un frondoso bosque. Calles empedradas. Hasta aquí hablamos de las características comunes de las localidades de la Sierra de Francia salmantina. Pero Villanueva del Conde goza además de unas peculiaridades propias que la hacen más especial si cabe. Por un lado su plaza porticada, un ejemplar único, pero por otro, las llamadas ‘huertitas’.

Plaza Las Eras de Villanueva del Conde

Lo normal es que el lugar donde se cultivan las cebollas, los calabacines, las berzas o los ajos se ubique en el extrarradio de los pueblos. Eso sucede en el 99% de los casos. Sin embargo, Villanueva del Conde es especial. Las huertas están en el mismísimo centro. En el corazón de la villa. Salvo que nos adentremos en ellas, será algo que pase desapercibido. Eso sí, con la ayuda de Google Maps lo podremos apreciar perfectamente. Una especie de gran patio verde abrigado por una amalgama de casas. Como si fuera el secreto mejor guardado de Villanueva del Conde. La otrora despensa de los villacondinos, protegida y resguardada de los malos vientos.

Soportales de Villanueva del Conde

Para acceder a las ‘huertitas’ es suficiente con adentrarnos por cualquiera de las estrechas callejas o pasadizos techados que se abren entre vivienda y vivienda. Villanueva del Conde es además punto de paso de interesantes rutas de senderismo, como la del Camino de los Prodigios.

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Monleón

Al igual que ocurre con Montemayor del Río, Monleón es otra de las joyas ocultas de Salamanca. Quizás por no estar de paso a ningún sitio y ubicarse en esa desconocida comarca de Entresierras donde el visitante no suele parar. Eso provoca que nos atraiga más. Protegida por un recinto amurallado seriamente dañado y que requiere de intervenciones urgentes, Monleón cuenta con una de las torres del homenaje más esbeltas que se pueden encontrar en toda España. Es el único resto de su castillo, hoy en manos privadas. Una fortaleza que puso en jaque al mismísimo Fernando el Católico, que lo sitió en el siglo XV cansado de las irreverencias del regidor Rodrigo de Maldonado.

Castillo de Monleón
Puerta de la Villa de Monleón

Además del castillo, en Monleón sobresale la imagen que ofrece su verraco prerromano, junto a la Puerta de la Villa y las casas que junto a ella conservan un aire más puro. El resto del pueblo es una amalgama de viviendas, muchas de ellas modernas, que le impiden tener el atractivo de otras localidades serranas. A pesar de todo, es sin lugar a dudas uno de los pueblos más bonitos de Salamanca y en su entorno, dominado por el monte y los terrenos de pastos para el ganado, se encuentra el precioso paraje de las Ollas de la Sapa del río Alagón.

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Sequeros

Junto a La Alberca, Mogarraz, Miranda del Castañar, San Martín del Castañar y Villanueva del Conde, Sequeros es uno de los seis Conjuntos Históricos declarados en la Sierra de Francia salmantina. Puede que sea el más discreto y menos popular para el visitante. Pero sin embargo, su importancia y belleza es crucial. En primer lugar porque ejerció como capital administrativa de la Sierra de Francia. Eso enriqueció su arquitectura como se puede apreciar el su plaza del Altozano, corazón de la villa. Pórticos y grandes viviendas de tres plantas con inmensas balconadas floreadas indican que en ellas residían los burgueses que se trasladaron hasta Sequeros y gustaban de contemplar desde sus casas los espectáculos festivos y taurinos que allí se celebraban.

Plaza del Altozano de Sequeros

El coqueto teatro León Felipe, toda una sorpresa para un pueblo tan pequeño, y la elegante y tradicional plaza de Eloy Bullón, son otros de los rincones encantadores que nos regala Sequeros. En las afueras del pueblo se ubica la ermita del Humilladero, punto de paso de una de las rutas de senderismo más famosas de Salamanca, la del Bosques de los Espejos.  Y más apartada todavía, uno de los epicentros del peregrinaje en la Sierra de Francia, la iglesia del Robledo. Un interesante ejemplar de arquitectura religiosa donde se guardan los restos de Simón Vela, el francés que encontró la imagen de la Virgen de la Peña de Francia, y la reverenciada Cruz de Sequeros, patrona de la localidad.

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Alba de Tormes

A orillas del río Tormes se levanta esta villa que tiene el honor y el bendito privilegio de acoger el sepulcro de Teresa de Jesús. Porque allí murió la santa más mística. Aquella abulense universal que tras muchos avatares recaló en Alba para fallecer en 1582 en el convento de los Carmelitas sobre los brazos de su enfermera y amiga Ana de San Bartolomé. Aunque el cuerpo se trasladó a Ávila, la casa de Alba logró recuperarlo para la localidad salmantina. Eso sí, con el corazón y uno de sus brazos fuera del sepulcro exhibidos como reliquias.

Alba de Tormes desde El Espolón

Ni que decir tiene que la visita a los restos de la Santa es el principal motivo de visita a Alba de Tormes. Pero hay más motivo para considerarlo uno de los pueblos más bonitos de Salamanca. Especialmente por un valioso patrimonio religioso donde sobresale la iglesia de San Pedro y su portada gótica. En esa lista debería aparecer lo que pudo ser y no fue. La gran basílica a la altura de Santa Teresa de Jesús. La que iba a acoger sus restos y convertirse con lugar de peregrinaje teresiano. Pero aquella obra casi faraónica de estilo neogótico iniciada a finales del siglo XIX se quedó a medias. Los diferentes avatares de la historia dejaron sin fondos el proyecto y ver la maqueta de su diseño original genera una tremenda tristeza. Hoy es un templo inacabado, cerrado de malas maneras con ladrillo y planchas de cobre. Esperando a que, quizás algún día, vengan tiempos mejores.

Vista de Alba de Tormes desde la isla de Garcilaso

Alba es lo que es por el apoyo decidido de la insigne casa que tomó su nombre. Todo gracias a que el rey Juan II entregó su señorío al que fue a la postre el primer titular de la casa, Gutierre Álvarez de Toledo. Después llegó la sucesión de duques de Alba que siempre estuvieron estrechamente ligados a la villa y la colocaron como un epicentro cultural y religioso. Pero Alba es más, y sabe aprovechar la presencia del río Tormes. Inolvidables las vistas desde el plácido parque de El Espolón, lugar que ocupó el antiguo alcázar medieval y que permite contemplar el curso del río por los ojos de su puente medieval.   

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San Felices de los Gallegos

En la Sierra de Francia va acompasada la belleza de sus paisajes con la de sus pueblos. Desgraciadamente en las Arribes del Duero no sucede lo mismo, salvo por una bendita excepción. San Felices de los Gallegos fue portuguesa durante un breve tiempo y poblada posteriormente por colonos de la antigua Gallaecia, de ahí su nombre. Hoy es una localidad apacible desde la que se puede llegar hasta el excepcional paisaje de las Arribes del Águeda, salvado gracias al esbelto Puente de los Franceses. Aquel que levantaron los enviados de Napoleón durante los tres años de ocupación gala. Portugal, Galicia, Francia, España… San Felices está forjado gracias a las aportaciones de diferentes pueblos a lo largo de la historia.

Castillo de San Felices de los Gallegos

A Portugal le tienen que agradecer su castillo del siglo XIII. Los españoles lo blindaron con una muralla redonda en el siglo XV y con otra en forma de estrella en el siglo XVIII. La pena es que apenas se conserva un pequeño tramo. Y de los franceses es el puente. En este crisol de nacionalidades, podían haber jugado un papel relevante los norteamericanos, aunque por suerte no fue así. En 1954 ofrecieron 14 millones de pesetas por un castillo que pretendían llevarse piedra a piedra. Afortunadamente su propietario por entonces, Ángel de Dios (que años antes lo compró salvándolo de una demolición segura) ejerció como protector por segunda vez y hoy es uno de los pocos castillos visitables de la geografía salmantina.

San Felices cuenta además con su propio museo del aceite, ya que estamos en tierra de olivos.

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Cepeda

Cepeda no suele aparecer en las listas de los pueblos más bonitos de Salamanca, pero creemos que hay razones para incluirlo. Lo hemos visitado en numerosas ocasiones ya que desde allí parten algunas interesantes rutas de senderismo que se adentran en la Sierra de Francia. Pero además posee un cuidado casco antiguo donde vuelve a aparecer ese estilo arquitectónico que se repite en otras localidades serranas. En el caso de Cepeda no es tan uniforme, ya que se han construido nuevas viviendas que no han seguido esas pautas, pero aun así es más que recomendable perderse por sus callejuelas.

Plaza Mayor de Cepeda
Una calle de Cepeda

Todos los caminos no acaban en Roma, sino en su Plaza Mayor, de forma triangular y con vigoroso olmo presidiéndola. En Cepeda también destaca su iglesia de San Bartolomé, del siglo XVII y de estilo barroco.

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Herguijuela de la Sierra

Junto a Sotoserrano, es la última localidad de la Sierra de Francia antes de que poco a poco vayamos saludando a Las Hurdes cacereñas. Herguijuela de la Sierra es uno de los pueblos más bonitos de Salamanca, pero además está rodeado de la vertiente más pura y salvaje de la Sierra de Francia. Deslizarse por la carretera que llega hasta la pedanía de Rebollosa (que posee una de las mejores piscinas naturales de Salamanca) o realizar rutas de senderismo como la de Fuente Mundo o el Valle de Belén, dan una idea de la riqueza natural de un lugar sublime. Una tierra con un microclima muy particular en el que brotan con fuerza unos olivos de los que se extrae uno de los mejores aceites de oliva que en estos momentos se elaboran en España, Soleae.

Plaza Mayor de Herguijuela de la Sierra
Una calle de Herguijuela de la Sierra

Pero como hablamos de pueblos bonitos, nos tenemos que fijar en un casco antiguo que, al igual que Cepeda, conserva un puñado de viviendas con la arquitectura serrana. El espacio más bello es su Plaza Mayor, también presidida por un olmo, en esta ocasión cinco veces centenario. Una auténtica ‘catedral viva’ que es el símbolo de la localidad y que, al igual que su compañero de Cepeda, está desgraciadamente afectado por grafiosis, la conocida como enfermedad holandesa del olmo.

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Puente del Congosto

En ningún otro rincón de Salamanca el Tormes es tan furioso e indómito como en Puente del Congosto. Con el impulso que le da el deshielo de las cumbres de Gredos, esta localidad presume de ser la primera de la provincia salmantina que da la bienvenida al afluente del Duero. Kilómetros más abajo, la presa de Santa Teresa lo atempera y amansa. Pero en Puente del Congosto circula con la suficiente virulencia como para horadar la roca granítica dejando formas imposibles. Al mismo tiempo, esa fuerza se transforma en afable placidez en una de las playas fluviales más interesantes de Salamanca. La única zona de baño autorizada en la provincia durante años.

Castillo de los Dávila y puente medieval de Puente del Congosto

Ese vínculo del Tormes con Puente del Congosto ha dejado maravillas arquitectónicas. Sobre el río se levanta un interminable puente medieval que se construyó para el paso del ganado. Siglos después el tiempo parece haberse detenido porque los excrementos de las ovejas y sus huellas embarran sus ocho veces centenarias piedras.

Junto al puente se eleva poderoso el castillo de los Dávila, del siglo XIV y con añadidos del XVI y símbolo de Puente del Congosto. Una fortaleza que se conserva en buen estado y por la que pasaron personajes ilustres como la mismísima Isabel La Católica. Se dice que tras sus muros recibió en 1497 la triste noticia de la muerte en Salamanca de su hijo Juan de Aragón, príncipe de Asturias en aquel entonces.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Puente del Congosto

La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un bello templo gótico, y un casco urbano cuidado y agradable, completan los atractivos del último municipio salmantino que recibió el honor de ser declarado Conjunto Histórico.

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Salvatierra de Tormes

Símbolo del Reino de León y frontera natural con Castilla. Salvatierra de Tormes fue una villa próspera debido a su situación estratégica a orillas del río Tormes. Llegó a pertenecer a Don Pedro, hijo del rey sabio Alfonso X. Pero cuando pasaron los años de guerras, castillos, nobles y caballeros, Salvatierra se fue muriendo. Hasta tal extremo que a punto estuvo de ser sepultada bajo las aguas del Tormes. La construcción del pantano de Santa Teresa obligó a vaciarla, pero afortunadamente el agua no acabó con su historia. Salvatierra renació de sus cenizas y gracias a la pizarra tan abundante por esos lares, fue recuperando parte de sus viviendas y su vida. Un trabajo que todavía continúa.

Castillo de la Mora Encantada de Salvatierra de Tormes

De aquella historia gloriosa de Salvatierra de Tormes quedan los restos de su castillo de la Mora Encantada, del siglo XIII. Aquel donde una mujer de largos cabellos se asoma a su torreón cada noche de San Juan para peinarse. Apenas unas pocas ruinas quedan en pie de esta fortaleza que nos regala una imagen idílica con el agua del pantano al fondo.

Puerta de la Tormes de la muralla de Salvatierra de Tormes

También son ruinas las que sobreviven de una muralla que sigue saludando al río gracias a su elegante puerta del Tormes. Pasear por sus calles es encontrarse los vestigios de una sinagoga, elegantes casas blasonadas, la vivienda natal del ministro republicano Filiberto Villalobos y hasta el maravilloso altar churrigueresco de su iglesia. Salvatierra de Tormes resistió y venció y ahora puede presumir de ser uno de los pueblos más bonitos de Salamanca.

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Pablo Montes y Estefanía Casillas
Periodista e Ingeniera Agrícola. Viajeros

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Comentarios

4 COMENTARIOS

    • Muchas gracias. Tienes razón, es complicado quedarse solo con uno, por eso hay que intentar visitar todos los que se puedan. Cada uno tiene su propia personalidad y sus propios matices. Saludos.

    • Hola Ana María. Pereña de la Frontera no existe. Tiene que ser Pereña de la Ribera o Aldeaseca de la Frontera o incluso Zorita de la Frontera. De Pereña sí tenemos fotos, en el artículo que publicamos sobre la ruta del Pozo Airón podrá encontrar alguna. Saludos y gracias por visitar el blog.

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