Montemayor del Río, la ‘flor’ más dulce de Salamanca

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Hay que agacharse. Los que somos altos no nos llevamos bien con las diminutas puertas de las casas de pueblo. Si no se va con precaución, los coscorrones están asegurados. “Un segundo, ahora voy”, grita una voz femenina desde el obrador. Tras cruzar el umbral de la estrecha puerta un olor divino nos enamora. Y no solo se excita el olfato, también la vista. Sobre un reducido mostrador de madera se disponen, perfectamente colocadas, las ‘manzanas prohibidas’ de los más golosos. Rosquillas, bizcochos, mantecados y, por supuesto, las floretas o flores. Nieves aparece ataviada con un gorro de repostera y de blanco inmaculado. Nos atiende gustosa. Tiene varias floretas en el aceite hirviendo y no le quita ojo a la gran freidora. “A dar un paseo y a conocer el pueblo, me imagino”, nos comenta. Eso, y a comprar floretas recientes. Un manjar que Nieves y su familia hacen como nadie. Una delicatesen, como llaman los modernos, que fuera de Montemayor del Río duplica o triplica su precio.

Vista de Montemayor del Río desde la carretera de El Cerro
Vista de Montemayor del Río desde la carretera de El Cerro
Floretas de Montemayor del Río
Floretas de Montemayor del Río

Es la joya de la corona de una bollería tan discreta como celestial. Artesana. Rural. Femenina. Los ingredientes básicos para engrandecerla y ensalzarla. Cargados con nuestras flores doblamos la esquina. Con el botín a buen recaudo en el coche, nos disponemos a disfrutar. A perdernos por otra flor también muy dulce. Montemayor del Río. Oculta y escondida. Condenada a un segundo plano en beneficio de otras maravillas de la provincia salmantina como La Alberca, Candelario, Miranda del Castañar, Mogarraz… Por eso muchas de sus casas están vacías. “¿Molestará el coche si lo dejo delante de esta puerta?”, le pregunto a un lugareño. “Tranquilo, en esa casa no vive nadie. Ni en esa ni en muchas de las que tiene el pueblo”, asegura con resignación.

En una de las calles de la antigua judería de Montemayor del Río
En una de las calles de la antigua judería de Montemayor del Río

Rodeado de incontables castaños y robles, Montemayor del Río vive con discreción, pero sin olvidar un pasado glorioso. Aunque hoy esté oculta entre la frondosidad del bosque, su situación en su día fue estratégica. Prueba de ello es su castillo. El de San Vicente. Majestuoso se eleva en la parte más alta del pueblo. De planta rectangular y con torres redondas y cuadradas, data del siglo XV. Está perfectamente restaurado y, al contrario de lo que sucede con otros castillos de Salamanca, es posible visitar su interior. Actualmente alberga un restaurante. Pero la infranqueable fortaleza de Montemayor del Río es sólo el final de una ruta urbana que tiene que comenzar precisamente en el río. Ese que pone la guinda a un pastel (en este caso a una flor) con todos los ingredientes para lograr la calificación de “pueblo de cuento”. No forma parte de las listas de los más bonitos de España, pero para nosotros lo es. Vamos a demostrarlo.

Castillo de San Vicente de Montemayor del Río
Castillo de San Vicente de Montemayor del Río
Panorámica de Montemayor del Río
Panorámica de Montemayor del Río

Qué ver en Montemayor del Río en una histórica ruta urbana

“El viejo puente, el río y a la alameda” decía aquel vals peruano de Chabuca Granda que popularizó en España María Dolores Pradera y que lleva por título “La flor de la canela”. Podría referirse perfectamente a Montemayor del Río, ya que la postal de bienvenida de la localidad es esa. El río Cuerpo de Hombre deslizándose por debajo del viejo puente del siglo XIII y una frondosa alameda que abriga el enclave. Esa que da sombra a los bañistas que en verano son capaces de resistir las gélidas aguas de un río que se alimenta del deshielo de la Sierra de Béjar y que desemboca muy cerca de Sotoserrano en el Alagón.

Puente sobre el río Cuerpo de Hombre
Puente sobre el río Cuerpo de Hombre

Montemayor del Río representa la transición simbólica de la roca desnuda de la Sierra de Béjar a la vitalidad de castaños, robles y hayas de la Sierra de Francia. Fue además punto de paso obligado de los trashumantes que llevaban su ganado al sur en invierno y al norte, en verano por la cañada de la Plata. Hasta 200.000 ovejas llegaron a pasar en su día por esta localidad que hoy escucha mucho menos balidos y disfruta de una absoluta paz.

Antigua cabina y mirador de la villa
Antigua cabina y mirador de la villa

Las balizas y flechas amarillas de una señalización turística muy bien trabajada nos sirven de guía para ir ascendiendo al corazón de Montemayor del Río. Dejamos atrás la ermita de San Antonio y después de ver algunas viviendas de reciente construcción nos adentramos en la esencia de la localidad. Esa arquitectura serrana con calles empedradas, casas de dos pisos de madera y mampostería y demasiado cartel de “se vende”. Una muestra más de la España despoblada.

Ermita de San Antonio
Ermita de San Antonio

Atrás quedan los tiempos en los que Montemayor del Río tuvo su propia judería, como la cercana localidad de Béjar o la cacereña de Hervás. Medio centenar de familias vivieron fuera de las murallas en la aljama. Todas ellas tuvieron que huir después de la expulsión de 1492 en busca de cobijo en Portugal. En pueblos como Belmonte, donde aún residen varias familias de judíos.

Una de las calles típicas de Montemayor del Río
Una de las calles típicas de Montemayor del Río

Nos perdemos por callejuelas en las que el tiempo se para y regresamos a los orígenes. En eso ayudan y mucho los artesanos de Montemayor del Río. Estoicos. Auténticos héroes que se resisten a abandonar ese oficio transmitido de generación en generación. Porque hablar de Montemayor del Río es hacerlo de la cestería y sus cesteros. Usando la materia prima de los frondosos castaños que rodean a la localidad. Con cinco o seis años de vida es suficiente para que su madera sea utilizada en este tipo de artesanía. A pesar de éxodo de población que ha sufrido, aún existen catorce artesanos que miman los castaños para sirvan de materia prima para sus cestos. Una bonita experiencia es entrar en el taller de alguno de ellos y disfrutar de ese proceso de elaboración de un elemento que ha quedado en meramente decorativo, pero que en su día cumplía una función primordial en todas las casas. Más cestos de castaño y menos plástico, podríamos decir ahora que nos estamos concienciando de los peligros y amenazas de objetos cotidianos que llevan tiempo siendo una amenaza. Quién sabe si volveremos a los orígenes y lo que hoy es un oficio en peligro de extinción se convierte en una necesidad social. Soñar es gratis.

Una de las estrechas calles de la localidad
Una de las estrechas calles de la localidad

La Plaza Mayor es el epicentro de Montemayor del Río. De su fuente siempre brota agua fresca. Y su sonido mece la estancia mientras disfrutamos de algunos de los poemas que cuelgan de una de las viviendas tradicionales. “No digas todo lo que sabes, no hagas todo lo que puedes, no creas todo lo que oyes, no gastes todo lo que tienes…”. El pasado glorioso de Montemayor del Río también se refleja en su principal ágora, con casas como la de los Tostados, una de las familias bien que dio la localidad.

Olivo y fuente en el mirador de la villa
Olivo y fuente en el mirador de la villa

Otro rincón con encanto es el mirador de la villa. Una pequeña plazoleta presidida por un vigoroso olivo y donde el sonido del agua también establece la perfecta banda sonora. Lo hace el abrevadero, otrora usado por el ganado, y hoy mero elemento decorativo. Y no podemos descender de nuevo al río sin pasarnos por los restos que quedan en pie de la muralla y, por supuesto, por la iglesia de Montemayor del Río, perfecta compañera de su castillo de San Vicente. Entre las tallas de gran valor que se encuentran en su interior está una de San Miguel que, según la leyenda, fue rescatada de las aguas del río Cuerpo de Hombre. Lo que está claro es que nadie sabe cuál es su origen ni cómo llegó hasta allí.

Restos de las murallas que siguen en pie en Montemayor del Río
Restos de las murallas que siguen en pie en Montemayor del Río
Atarcecer en lo alto del castillo de Montemayor del Río
Atarcecer en lo alto del castillo de Montemayor del Río

Senderismo para descubrir el auténtico otoño entre castaños

Es casi un pecado desplazarse a Montemayor del Río y no adentrarse en su bosque de castaños. Esta especie es la que mejor se muestra en otoño. Es su estación favorita en la que sus grandes y alargadas hojas se esparcen por el suelo dejando una tupida alfombra en la que se diseminan sus siempre sabrosos frutos. Hemos disfrutado de castañares mágicos como el de los Ojesto en la localidad cacereña de San Martín de Trevejo, pero el que se extiende entre Montemayor del Río y El Cerro tiene un atractivo singular. Esta ruta forma parte de los senderos micológicos que la Diputación de Salamanca va a señalizar por diferentes puntos de la provincia. Es circular con 9,1 kilómetros a realizar preferentemente en otoño, pero de la que se puede disfrutar durante todo el año. No solo hay castaños, también se pueden contemplar inmensos robles como el Jerrero.

Sendero que une Montemayor del Río con El Cerro
Sendero que une Montemayor del Río con El Cerro
Paisaje otoñal en el entorno de Montemayor del Río
Paisaje otoñal en el entorno de Montemayor del Río

No es la única ruta de senderismo en Montemayor del Río. Hay más, como la que discurre por la Vía de la Plata y permite contemplar los miliarios romanos que marcaban los kilómetros de esta importante arteria de comunicación en la época. Una ruta que permita descubrir el siempre espectacular puente de La Malena y que puede poner el perfecto colofón a una visita muy dulce a Montemayor del Río.

Pablo Montes y Estefanía Casillas
Periodista e Ingeniera Agrícola. Viajeros

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Comentarios

4 COMENTARIOS

  1. Enhorabuena por haber disfrutado tanto del pueblo, y sobre todo gracias por compartirlo. Como vecina que ha crecido entre sus callejuelas y que a día de hoy reside fuera se agradecen tus palabras.

    • Muchas gracias Lina por tus palabras. Nos alegra mucho que este artículo sobre Montemayor del Río te haya traído buenos recuerdos del lugar en el que creciste. Un saludo

    • Muchas gracias María Teresa. Te lo recomendamos de todo corazón. Salamanca y Cáceres tienen un buen puñado de pueblos con mucho encanto. Un saludo.

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