Ruta del castañar de San Martín de Trevejo y el puerto de Santa Clara, el otoño en su máxima expresión

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Ruta del castañar de San Martín de Trevejo y el puerto de Santa Clara (Sierra de Gata. Cáceres). Dificultad: Fácil. Distancia: 12,7 kilómetros (ruta circular). Duración: 4 horas y 30 minutos aproximadamente

Su cuerpo retorcido se eleva entre un manto de colores ocre, marrón, amarillo y rojizo. Es imposible que pasen desapercibidos. Su altura y envergadura son un gesto de autoridad. Una forma de gritar a los cuatro vientos que aquí están y aquí siguen. Vestidos de musgo y algunos hongos, dibujan una silueta avejentada, pero sólida. Con achaques, pero con fortaleza al mismo tiempo. Con arrugas y grietas, pero con unas raíces vigorosas y profundas. Son abuelos, aunque más bien podrían ser bisabuelos o tatarabuelos. Son el testigo vivo de la historia. Han sobrevivido a los desmanes del ser humano en un lugar que parece permanecer ajeno a ellos. Son la joya de la corona de una de las rutas de senderismo más bellas que hemos hecho. Quien esté buscando el otoño en su máxima expresión, que no lo dude. Sólo tiene que poner rumbo al castañar de San Martín de Trevejo. Allí lo encontrará.

Pablo junto a uno de los castaños centenarios
Pablo junto a uno de los castaños centenarios

Espectacular vista del sendero de regreso a San Martín de Trevejo
Espectacular vista del sendero de regreso a San Martín de Trevejo

El castañar de San Martín de Trevejo, uno de los más ricos de Europa

La idea del otoño gris, sombrío y triste que teníamos en la infancia se ha transformado por completo desde que practicamos senderismo. El festival de colores que nos espera en el campo es totalmente incompatible con cualquier concepto negativo. Es pura magia que brinda la naturaleza. Y si hay un árbol que pone en bandeja otoños de película, ese es el castaño. El que fuera en su día sustento para la gente del campo por la riqueza de sus frutos, es hoy un regalo para la vista. Los castañares que tenemos en España son auténticos museos dispuestos a darlo todo a cambio de nada. Simplemente hay que admirarlos y cuidarlos. Porque si muchos de ellos han aguantado más de un siglo en pie, pueden seguir haciéndolo durante mucho más tiempo.

Castañas sobre una roca
Castañas sobre una roca

Uno de los castañares más ricos de Europa se encuentra en la Sierra de Gata cacereña. Concretamente en su límite con la provincia de Salamanca. Hablamos del castañar de San Martín de Trevejo, conocido como el de Ojesto por el apellido del que fuera propietario de esos terrenos. Allí nos esperan los “abuelos”, las dos piezas centenarias de este museo al aire libre de las que hablábamos al inicio. Es una ruta de senderismo sencilla, cómoda y circular. Además del castañar, tenemos el atractivo de caminar por una calzada medieval y disfrutar del encanto de San Martín de Trevejo, una de las localidades más bellas de Extremadura que además cuenta con una lengua propia, la fala.

Una de las calles más bellas de San Martín de Trevejo
Una de las calles más bellas de San Martín de Trevejo

Una ermita y un convento, punto de partida antes de adentrarnos en el festival otoñal

Nosotros comenzamos la ruta junto a la ermita de la Cruz Bendita, en las afueras de San Martín de Trevejo. Es un buen lugar para estacionar el vehículo. Junto a ella se levanta la Hospedería Conventual Sierra de Gata, un moderno alojamiento ubicado en el antiguo convento franciscano de San Miguel del siglo XV. Dos ejemplos del patrimonio religioso de la localidad dignos de admirar y que son un excelente punto de partida. La ruta está señalizada con marcas blancas y verdes y no se presta a ningún tipo de confusión. Avanzamos para comenzar a caminar por un sendero abrigado por campos de olivares. Es noviembre y la aceituna ya está madura. Lista para recogerse, o para “apañarse” como dicen en los Arribes del Duero zamoranos.

Ermita de la Cruz Bendita
Ermita de la Cruz Bendita

Convento de San Miguel
Convento de San Miguel

Aceitunas recién recogidas junto a San Martín de Trevejo
Aceitunas recién recogidas junto a San Martín de Trevejo

La vegetación va tomando protagonismo. En primera instancia de mano de los robles, también hermosos en otoño. Esta época del año también es sinónimo de setas, y alguna vimos durante el recorrido. Por ejemplo la tan bella y temida al mismo tiempo amanita muscaria con su intenso color rojo.

Amanita muscaria
Amanita muscaria

Los robles se van fusionando con los dueños y señores del recorrido. El castañar de San Martín de Trevejo da sus primeros coletazos y sus hojas alargadas comienzan a servirnos de alfombra para seguir avanzando. A nuestra izquierda, un arroyo pone la banda sonara perfecta al recorrido. Pasamos junto a una zona de huertas de los lugareños y alguna que otra fuente. Tras superar un punto de captación de agua, el camino empieza a ascender ligeramente. Ya no hay vuelta atrás. Estamos inmersos en el castañar de San Martín de Trevejo.

Señalización de la ruta
Señalización de la ruta

Fuente al incio del recorrido
Fuente al incio del recorrido

Da la sensación de ir flotando sobre unas algodonosas nubes rojizas y ocres. Es un camino que parece sacado de un decorado de cine. Es ni más ni menos que el otoño. Sin adornos ni maquillajes puestos por el hombre. Puro y auténtico. Llegamos a un punto donde existe una doble señalización. Un cartel nos indica el regreso a San Martín de Trevejo por otro sendero para hacer una mini ruta circular y el otro marca el convento de San Miguel por el camino que hemos transitado. Nosotros seguiremos recto para continuar con la ascensión.

Estefanía sobre el manto de hojas
Estefanía sobre el manto de hojas

Otra de las vistas que nos ofrece el castañar de Ojesto
Otra de las vistas que nos ofrece el castañar de Ojesto

A medida que avanzamos el bosque se hace más frondoso y los castaños casi desnudos y de una altura considerable se multiplican. Solo el verde del musgo rompe con esa paleta de colores que va desde el rojo hasta el amarillo pasando por el marrón y sus diferentes tonalidades. Más fotogénico, imposible. Llegamos a otra toma de agua con una fuente y el camino se va ligeramente hacia la derecha para continuar la ascensión.

Musgo junto al manto de hojas
Musgo junto al manto de hojas

Cuando llevamos tres kilómetros de recorrido, el sendero hace un giro de 180 grados para seguir subiendo en paralelo al camino por el que hemos venido. Los castaños son cada vez más jóvenes. Sus troncos son altos y delgados buscando con ahínco la luz.

Ascensión al puerto de Santa Clara, el límite entre Cáceres y Salamanca

A la altura del kilómetro 4 hay dos opciones. Una es seguir adelante para regresar a San Martín de Trevejo rodeados de castaños y en busca de los “abuelos”, y la otra girar totalmente a la izquierda para ascender al puerto de Santa Clara. Son cinco kilómetros más de ruta que, si hay fuerzas y ganas, merece la pena culminar. Nosotros así lo hicimos, por lo que empezamos a caminar sobre las piedras de la antigua calzada medieval. En este caso la señalización pasa del blanco y verde al blanco y amarillo. Este camino fue utilizado como ruta comercial hasta bien entrado el siglo XX para comunicar las provincias de Cáceres y Salamanca. Su estado de conservación es muy bueno y nos permite ir tomando altura para tener una vista privilegiada del valle del Jálama, que aglutina a municipios cacereños, salmantinos y también portugueses.

Momento en el que se toma la calzada medieval para ascender al puente de Santa Clara
Momento en el que se toma la calzada medieval para ascender al puente de Santa Clara

Valle de Jálama desde el puerto de Santa Clara
Valle de Jálama desde el puerto de Santa Clara

Los castaños nos siguen acompañando, pero cada vez en menor medida. Los robles vuelven a tomar el protagonismo mientras a nuestra izquierda se levanta un muro vestido de musgo que nos regala instantáneas muy hermosas. Al fin coronamos el puerto de Santa Clara, al pie de la carretera que une la localidad salmantina de El Payo con la cacereña de San Martín de Trevejo. Notaremos que la temperatura es ligeramente inferior. Lógico y normal. Estamos a 1.030 metros sobre el nivel del mar, mientras el punto inicial de la ruta está a unos 600.

Desde el puerto de Santa Clara existe una ruta de senderismo que lleva hasta el pico Jálama. Pero eso será en otra ocasión. Deshacemos lo andado para bajar por la calzada y llegar al punto en el que nos desviamos. Este es el único tramo lineal de una ruta que en su grueso es circular. Enlazamos de nuevo con el sendero del castañar de San Martín de Trevejo sin dejar el firme de la calzada en busca de las joyas de la corona de la ruta.

Selfie en mitad del sendero
Selfie en mitad del sendero

Inmortalizando uno de los puntos más bellos del recorrido
Inmortalizando uno de los puntos más bellos del recorrido

El sendero se ensancha para que aparezcan ellos. Dos inmensos castaños que se dan la mano. Los “abuelos” es el nombre con el que son conocidos en la zona. Centenarios, pero jóvenes al mismo tiempo. Jóvenes de espíritu. Rodeados de un inmenso manto de hojas que les rinde tributo. Imposible no detenerse ante ellos. Magnífica postal otoñal la que nos regalan.

Los "abuelos"
Los “abuelos”

Seguimos bajando y a la derecha dejamos las ruinas de un antiguo pajar. Caminamos en estos momentos por el tramo más bello de la ruta. El castañar de San Martín de Trevejo, el de Ojesto alcanza su plenitud.

Regreso tras contemplar a los "abuelos"
Regreso tras contemplar a los “abuelos”

Castaños más jóvenes junto al sendero
Castaños más jóvenes junto al sendero

Descendemos por la calzada camuflada bajos las hojas para regresar de nuevo a San Martín de Trevejo. En el tramo final nos encontramos con pequeñas huertas y fincas de los habitantes de la localidad. Llegamos a un punto en el que la calzada medieval se junta con la ruta marcada de blanco y verde que seguimos al principio. Desde aquí ya sólo quedan 700 metros para alcanzar nuestro destino.

Bajada por la calzada para regresar a San Martín de Trevejo
Bajada por la calzada para regresar a San Martín de Trevejo

Vista de San Martín de Trevejo desde el tramo final del sendero
Vista de San Martín de Trevejo desde el tramo final del sendero

Decimos adiós a los castaños. O mejor dicho hasta siempre. Porque ojalá superen esta generación y las venideras. Que sigan resistiendo como un fortín a los envites del hombre para que se preserve esta maravilla natural de primer orden. El castañar de San Martín de Trevejo nos conquistó y no es para menos.

Colores otoñales en la calzada medieval
Colores otoñales en la calzada medieval

Los mañegos, como se conoce a los habitantes de la localidad, recogen ya la aceituna madura. Mientras, los últimos metros de bajada nos regalan una panorámica completa de este diamante de la Sierra de Gata. Bordeamos el pueblo por una zona de huertas para regresar al punto de origen. Allí, a la sombre de la ermita de la Cruz Bendita, departimos con dos simpáticas mujeres que nos cuentan el duro trabajo en el campo de antaño y de las caminatas que se pegaban. ¡Ahora lo llaman senderismo y la gente lo hace por placer!, aseguran con guasa.

Pablo Montes y Estefanía Casillas
Periodista e Ingeniera Agrícola. Viajeros

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Comentarios

4 COMENTARIOS

    • Muchas gracias por el comentario y por visitar el blog. Para nosotros es el momento más mágico del año para salir al campo. Y también el más fotogénico. Un saludo.

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