Subida a la Montaña de Pico, la cima más alta de Portugal

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Ruta de subida a la Montaña de Pico (Isla de Pico. Azores. Portugal). Dificultad: Muy difícil. Distancia: 8,2 kilómetros (ida y vuelta). Duración: 8 horas aproximadamente

Subir una montaña puede parecer un reto banal. Un sufrimiento prescindible. Un riesgo innecesario. Pero los que disfrutamos con la naturaleza más pura y salvaje lo vemos de otra forma. Subir una montaña es entrar en un tú a tú con el medio natural. Mirar frente a frente a algo que es infinitamente superior a ti. Que en cuanto quiera te puede empujar con desdén y lanzarte al vacío. Pero una montaña es agradecida. Si la mimas y, sobre todo si la respetas, es generosa y comprensiva.

Vista de Faial desde el 'Piquinho'
Vista de Faial desde el ‘Piquinho’

Por eso subir una montaña no es un simple deporte. No es un ‘hobby’ para pasar el domingo. Es algo más. Es darle a nuestro cuerpo y mente una dosis de sufrimiento que tiene su recompensa. Es poner un caramelo casi inalcanzable y vivir la satisfacción de estirarse y atraparlo. Una montaña es como la vida. Una montaña rusa de sensaciones. Alegría, llanto, tristeza, diversión… Subir una montaña es prepararse para los terremotos del día a día. Es superarse a sí mismo para poder superar lo que venga por delante. Es darle al cuerpo el empujón mental que hace falta cuando las fuerzas desaparecen. Todo eso es la montaña.

Nosotros no somos montañeros ni hemos hecho ascensiones complicadas en nuestra vida más allá del Gorbea, la Peña de Francia, el Etna y el Calvitero. Pero la Montaña de Pico en la isla del mismo nombre de las Azores fue la subida con mayúsculas. La montaña que nunca creímos ser capaces de subir. El reto inalcanzable que se convirtió en alcanzable. Un chute de adrenalina (y de agujetas) que no olvidaremos nunca. Porque es imposible borrar la imagen de una pared rocosa impenetrable a la no se le intuía ni el más pequeño de los senderos. Es imposible olvidar esa panorámica por encima de las nubes del Atlántico en perfecta calma y las islas de Faial y Sao Jorge a tiro de piedra. Es imposible no sentirse pequeño y grande a la vez en una cima que forjó la fuerza de la tierra y desde la que se puede tocar el cielo. Puede parecer exagerado y al mismo tiempo tópico, pero subir la Montaña de Pico fue una experiencia única, inolvidable. Lo que nos faltaba para acabar rendidos y profundamente enamorados de las islas Azores.

¿Por qué asumir el reto?

Desde el momento en que supimos que Pico iba a estar en el itinerario de nuestro segundo viaje a las Azores en poco más de un año, teníamos claro cuál iba a ser el reto. Además de sus viñedos Patrimonio de la Humanidad y unos paisajes verdes que cautivan, Pico tiene el honor de contar con el techo de Portugal. La montaña más alta del país vecino posee 2.351 metros de volcán cónico perfecto. Ese que comenzó a escupir lava hace 750.000 años y que acabó convirtiéndose en un gigante que se suele vestir con las nubes y la nieve para tapar su majestuosidad. Una especie de Teide a la portuguesa que sigue activo como demuestran las fumarolas que aportan un balsámico calor cuando en su cúspide se pasa más frío que otra cosa. En una isla de 445 kilómetros cuadrados, pasar del nivel del mar a los 2.351 metros en apenas unos kilómetros es algo indescriptible.

Cómo hacer la subida a la Montaña de Pico

Cómo habéis podido comprobar no estamos ante una ruta de senderismo al uso. Hablamos de una ascensión muy técnica a un volcán donde el tiempo puede cambiar en cuestión de segundos. Del sol más radiante, al viento más atronador pasando por la lluvia más salvaje. Si a esto le sumamos la posibilidad de perderse en un sendero que, en ocasiones, se confunde con otros paralelos que no llevan a ningún sitio, hablamos de que necesitamos ayuda para subir la Montaña de Pico. Una ayuda que para nosotros fue crucial. Sin ella, no hubiéramos logrado culminar este reto. Hubiese sido una irresponsabilidad y lo más probable es que no estaríamos escribiendo este post. Por eso apostamos por una empresa con experiencia en la subida a la Montaña de Pico como es Tripix.

Nuestro grupo en la subida a la Montaña de Pico con Tripix Azores
Nuestro grupo en la subida a la Montaña de Pico con Tripix Azores

Raisa y Matteo han conseguido poner en marcha un proyecto turístico muy interesante que fomenta el turismo responsable con la más absoluta profesionalidad. Fue la propia Raisa, brasileña con aires italianos que acabó en las Azores por amor, la que nos guió en esta aventura. No estuvimos solos. Lo hicimos con otros cuatro compañeros de viaje con los que formamos un grupo fantástico. Puede parecer una tontería, pero ese buen rollo que se creó fue decisivo. No es lo mismo afrontar algo así solo que con un equipo que te anima y te motiva. Que cada poco tiempo celebraba que habíamos subido otro poco. Esa motivación es fundamental. Por eso si estás leyendo este post porque quieres hacer la subida a la Montaña de Pico y no eres un montañero sino un senderista como lo somos nosotros, es imprescindible contratar la ascensión guiada. Y como nuestra experiencia con Tripix fue inmejorable, os recomendamos que los tengáis en cuenta para hacerla realidad.

La Casa da Montanha, punto de partida

El punto de partida de la subida a la Montaña de Pico es la Casa da Montaha. Desde allí comienza la ascensión nada más salir por la puerta. Cuenta con un amplio aparcamiento y un edificio con una pequeña recepción con baños. Si vas con la subida organizada, no te tienes que preocupar de nada. De lo contrario tendrás que pagar la tasa de ascensión y esperar hasta que te den el visto bueno para subir, ya que en días de numerosos visitantes la subida se hace escalonada.

Vista al atardecer del aparcamiento de la Casa da Montanha con la silueta de Faial al fondo
Vista al atardecer del aparcamiento de la Casa da Montanha con la silueta de Faial al fondo
Salida de la Casa da Montanha para arrancar la ascensión a la Montaña de Pico
Salida de la Casa da Montanha para arrancar la ascensión a la Montaña de Pico

Equipación necesaria para subir la Montaña de Pico

A todo el mundo se le entrega un GPS para estar localizado en todo momento y que nadie se aparte del sendero de subida. En la Casa da Montanha esperamos a Raisa que nos entregó los bastones necesarios para la subida. El resto lo pone uno: pantalones de montaña impermeables, botas de trekking, tres capas en el tronco (camiseta de licra, sudadera, y cazadora impermeable), gorro y guantes. Por momentos sobraran algunos de estos elementos, por eso hay que llevar una mochila donde guardar también litro y medio de agua por persona, la comida, barritas energéticas, fruta y algo de chocolate, por ejemplo.

Vistas durante la bajada de la Montaña de Pico
Vistas durante la bajada de la Montaña de Pico

Con todo listo, comienza la ascensión. Además de tener que solventar un desnivel de 1.200 metros, la subida es muy técnica. ¿Esto qué quiere decir? No es un sendero al uso. Se trata de un camino donde la roca volcánica hace formas imposibles que implican mirar constantemente al suelo. En la parte final, la lava solidificada ya no hace grandes bloques compactos, sino que esta diseminada en pequeñas rocas que pueden provocar resbalones y torceduras. De ahí la importancia de un guía que nos llevará por el mejor camino posible y servirá como un perfecto espejo para saber cómo y dónde tenemos que pisar.

Inicio de la ruta al poco de salir de la Casa da Montanha
Inicio de la ruta al poco de salir de la Casa da Montanha

La subida está señalizada con 46 estacas (47 si sumamos la de la cima de la Montaña de Pico, el conocido como Piquinho). No están a la misma distancia entre sí, pero son una buena referencia para saber cuánto nos queda.

Primer tramo cómodo hasta el hornito

El primer tramo de subida es cómodo ya que la lava solidificada ha formado grandes lenguas por las que ir ascendiendo sin problema. Este tipo de roca no es resbaladiza, como por ejemplo la granítica, y permite que nuestras botas se agarren sin problema aunque se encuentre mojada. Pronto pasaremos por la cámara de vigilancia que controla a las personas que hacen la ascensión. Entre matorrales bajos que nos regalaran imágenes más propias de Parque Jurásico llegaremos hasta un gran hornito. Se trata de uno de los respiraderos, por así decirlo, del volcán que se cerró con un muro de piedra para que allí pasarán la noche las personas que iban a ascender antes de que existiera la Casa da Montaha ni nada parecido.

Momento en el que comenzamos a ver la isla de Faial durante la subida
Momento en el que comenzamos a ver la isla de Faial durante la subida
Hornito que vemos al comienzo de la ruta
Hornito que vemos al comienzo de la ruta

“Obrigado montanha”

La subida va zigzagueando hasta que alcanzamos los 1400 metros de altura. Entonces llevaremos solo 600 metros recorridos, pero parecerá que llevamos 10 kilómetros. Tranquilos. Hasta este punto estuvimos cubiertos por las nubes y la lluvia, pero a partir de ahí se fueron disipando poco a poco hasta que comenzó a asomarse un sol que nos permitió empezar a gozar de las vistas. Hicimos el ritual que, aunque parezca mentira, nos dio más confianza. Consistió en coger una roca volcánica cada uno, hacer un círculo alrededor de un montón de piedras y lanzarla mientras gritábamos: “Obrigado montanha”. Después brindamos con aguardiente y Raisa le dio un poquito a la montaña en señal de agradecimiento. Un gesto de cariño para que ese monstruo se portara bien con nosotros como así lo hizo.

La subida se hace más y más técnica

Entre los 1.400 y los 1.500 metros recorremos otros 600 metros distancia de forma más sostenida. Subiéremos, pero la pared será menos imponente y podremos incluso recuperar fuerzas. El sendero nos conducirá en dirección sur para comenzar a zigzaguear rumbo a las faldas del cráter. El objetivo será alcanzar la cota de 2.075 metros sobre un terreno en el que los grandes bloques de lava van dejando paso a rocas sueltas que convierten en aún más técnica la subida. Hay que realizar pasos cortos y seguros, mirando al suelo de forma constante y también a la guía, ya que es el mejor espejo. Donde pise ella, tendremos que pisar nosotros. Pero no todo es bajar la vista. Levantamos los ojos y el día nos regaló un precioso arcoíris y la isla de Faial comenzó a ser visible en su totalidad. Un anticipo de lo que vendría después.

Arcoíris al comienzo de la ruta
Arcoíris al comienzo de la ruta

Entrada en el cráter camino del Piquinho

En las faldas del cráter tenemos otro pequeño respiro. Seguiremos subiendo claro está, pero de forma más sostenida. Es el momento de ir bordeando el cráter para llegar a su puerta grande, su entrada principal que nos dará la primera vista del Piquinho, el pico perfecto que corona la montaña. El helado cónico de chocolate donde la lava se fue amontonando hasta formar esa punta que hoy sigue caliente y recordando que un día puede volver a rugir.

Comienzo de la zona con piedras más sueltas que obliga a una subida más técnica
Comienzo de la zona con piedras más sueltas que obliga a una subida más técnica
Cráter de la Montaña de Pico
Cráter de la Montaña de Pico

En la entrada del cráter estamos a 2.235 metros y más cerca de la gloria. El trayecto por el cráter es lo más cómodo del recorrido. Prácticamente llano y esquivando las pequeñas chozas de piedra que se han ido construyendo y que sirven para refugiarse a los que realizan la ascensión nocturna y pasan la noche allí. La imagen del cráter inmenso como si fuera un gran tanque de agua, pero sin agua, impone. Pero más lo hace ver el Piquinho y pensar que tenemos que rematar la faena subiendo esa auténtica pared. Que sería un pequeño fracaso no realizar ese último esfuerzo. Nos miramos a los ojos y pensamos lo mismo. Es imposible.

Vista del 'Piquinho' desde el cráter
Vista del ‘Piquinho’ desde el cráter

El Piquinho, objetivo cumplido

Aunque arriba del todo veíamos a un puñado de personas, creíamos que eso solo era apto para superhéroes. “Parece mucho más duro de lo que en realidad es”, nos dijo Raisa. La creímos y comprobamos que tenía razón. No era tan fiero el Piquinho. Hay que dejar los bastones en la base y comenzar a trepar por las rocas. Es una subida corta y segura. Es más fiable apoyarse con manos y piernas que hacerlo solo con las extremidades inferiores. Se pasa volando y realmente se disfruta.

Vista completa de Faial desde el 'Piquinho'
Vista completa de Faial desde el ‘Piquinho’
Panorámica del este de la isla de Pico desde el 'Piquinho'
Panorámica del este de la isla de Pico desde el ‘Piquinho’

Y finalmente llegó el éxtasis. Estábamos arriba y nos abrazamos. El objetivo estaba cumplido y era el turno de disfrutarlo. De contemplar la vista perfecta de la isla de Faial, de la de Sao Jorge e incluso de Graciosa. De disfrutar de cómo, en cuestión de kilómetros, la isla de Pico, verde esperanza, se precipitaba al océano dejando una línea de costa donde mar y montaña conformaban un paisaje inolvidable. Era el momento de descansar, comer y dejar pasar el tiempo. La bajada está a ahí. Es algo inevitable y por momentos llega a preocupar al ver esas rocas sueltas que pueden convertirla en un infierno. Pero incluso ese pensamiento desaparece arriba. El frío se esfuma y el calor de la tierra viva de un volcán que no ha muerto calienta un ambiente que parece mágico. Subir la Montaña de Pico a finales de octubre y estar prácticamente solos en la cima no tiene precio.

Objetivo cumplido en el 'Piquinho'
Objetivo cumplido en el ‘Piquinho’
Pegatinas colocadas por algunos de los que han logrado subir a la Montaña de Pico
Pegatinas colocadas por algunos de los que han logrado subir a la Montaña de Pico

El momento de la bajada

Pero toca volver a la realidad o, lo que es lo mismo, descender. Para nosotros lo más duro de la experiencia en la Montaña de Pico y también lo peor de cualquier ruta de senderismo. Porque en este caso es también lo más peligroso. La bajada del Piquinho vuelve a ser lo más sencillo. Usando manos y pies vamos bajando poco a poco. Después llega el tramo del cráter, llano y no demasiado peligroso. Pero cuando lo dejamos y enfilamos la bajada, hay que pisar con precaución. Primero porque tenemos la zona de rocas sueltas, resbaladizas y traicioneras. “Una roca grande y agarrada al suelo es nuestra mejor amiga; una pequeña y suelta es nuestra peor enemiga”, nos dijo Raisa con toda la razón del mundo. El problema es que las piernas están cansadas. Porque la Montaña de Pico no te agota físicamente ni te deja con lengua fuera. Por lo menos en nuestro caso fue así. Pero sí te muele las piernas. Los cuádriceps te duelen durante días por culpa de la bajada. Los bastones son los salvavidas de un descenso en el que hicimos pocas paradas. Con buen criterio, Raisa nos insistió en que parar en estos casos es más negativo que positivo. Te enfrías y cuesta volver a coger el ritmo. Pero la razón de detenerse no era el cansancio, sino las vistas. Iba cayendo la tarde y se tornaron en maravillosas. El cielo estaba aún más despejado y la isla de la isla de Faial era nítida. No nos cansábamos de mirarla, e hicimos bien, porque por desgracia solo pudimos visitar esta isla apenas unas horas en lugar del día completo que teníamos previsto inicialmente.

Panorámica de la isla y con Faial al fondo durante la bajada
Panorámica de la isla y con Faial al fondo durante la bajada
Durante la bajada y con Faial al fondo
Durante la bajada y con Faial al fondo

Los últimos metros se hacen largos. Las fuerzas flaquean, las piernas tiemblan y, en ocasiones, van a su aire. Pero hay que llegar. Es el espíritu de superación del que hablábamos al principio. De no venirse abajo en los momentos más duros. A veces nos podemos sorprender a nosotros mismos y ser conscientes de que tenemos mucho más potencial del que nos imaginamos. En ese caso es en el aspecto físico, y también mental, pero puede ser en otras muchas parcelas. Por eso subir una montaña como la de Pico no es una simple actividad para pasar un día y desafiarse. No es una simple ruta para pasar un soleado día de domingo. Es mucho más que eso.

Pablo Montes y Estefanía Casillas
Periodista e Ingeniera Agrícola. Viajeros

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