Volcán Poás, una maravilla en manos de la suerte

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El Parque Nacional del Volcán Poás es uno de los más visitados de Costa Rica aunque la mayoría de esos turistas se quedan sin ver, por el capricho de la naturaleza, su tesoro más preciado: el impresionante cráter que lo corona

Los caprichos de la naturaleza provocan que, en ocasiones, alguna de sus maravillas no pueda ser visible siempre que el ser humano desea. Como si fuera una manera de dar más valor a ese tesoro y hacer sentir más pequeño al hombre, decide el momento preciso para destapar el tarro de las esencias. Esto es exactamente lo que ocurre en el Volcán Poás, una de las joyas que posee Costa Rica. Si algo distingue a este escenario mágico que atrae a 400.000 personas al año es que gran parte de esos turistas se tienen que volver a casa sin ver absolutamente nada. Así de triste y de cruel. Algunos incluso lo intentan en más de una ocasión, pero la fortuna (o la naturaleza) no está de su lado. El motivo es que su elevada altitud (2.700 metros) hace que la mayor parte del año permanezca invadido por una cortina de nubes que impide la visibilidad de su imponente cráter. Esa fue la estampa que nos encontramos durante nuestra visita al Volcán Poás dentro del viaje que realizamos a Costa Rica por libre. No fuimos los más desafortunados, ya que ese mismo día nos encontramos a una pareja de españoles que había acudido hasta en tres ocasiones y en ninguna consiguió ver el espectáculo que ofrece este volcán.

Cráter principal del Volcán Poás en un día despejado y con fumarolas
Cráter principal del Volcán Poás en un día despejado y con fumarolas

Además de contar con un componente aventurero similar al de la ruleta rusa por no saber si se podrá ver algo o no, el Volcán Poas genera tanta atracción por la belleza única de su cráter principal, uno de los más grandes del mundo. Cuenta con un diámetro de 1.320 metros y una profundidad de 300 metros. Por si fuera poco, posee un colorido especial gracias a una laguna celeste rica en azufre. Todo ello unido a las constantes fumarolas, dan lugar a una imagen idílica de tonalidades grises, negras y azuladas. Un espectáculo de una magnitud indescriptible. Los que nos hemos quedado sin ver esta creación de la naturaleza tenemos el consuelo de hacer una pequeña ruta por el Parque Nacional para descubrir la flora de este rincón de Costa Rica. Un pequeño premio que no compensa el disgusto de marcharse sin ver en vivo y en directo algo que en fotografías ya impacta sobremanera.

A pesar de la gran cantidad de visitantes que recibe cada año, el Volcán Poás no se incluye en muchos paquetes para recorrer Costa Rica. Nosotros nos decidimos a visitarlo por las buenas referencias que teníamos y también por su cercanía con San José. Como la primera noche en el país centroamericano la hicimos en su capital, el Poás nos pillaba de camino hacía nuestro segundo destino, el Volcán Arenal.

Aunque entre San José y el Volcán Poás hay algo más de 50 kilómetros, hay que tener en cuenta que el tiempo para recorrerlos alcanza la hora y media. Se trata de una carretera de montaña que cuenta con un tramo no asfaltado y que además suele estar bastante transitada. Por cierto, a ambos lados de la vía se suelen poner vendedores de las fresas que se cultivan en la zona que no están nada mal. Los que no hayan alquilado coche (pésima opción si se va a Costa Rica por libre) pueden hacer este trayecto en autobús gracias a la empresa Tuasa.

Lo mejor es acudir lo más pronto posible. Su horario es de 8:00 a 15:00 horas, por lo que recomiendo madrugar para evitar demasiadas aglomeraciones. En nuestro caso salimos temprano de San José y llegamos al Poás en torno a las 9:00 horas. Como además llevábamos todo el equipaje en el vehículo, queríamos la plaza de aparcamiento en el volcán estuviera lo más próxima posible a la cabina de vigilancia. No es que en otra parte del parking haya peligro, pero nos habían recomendado que no lo dejáramos demasiado distanciado de este punto por si las moscas.

Vegetación en el Volcán Poás
Vegetación en el Volcán Poás

La entrada al Parque Nacional del Volcán Poás tiene un precio de 15 dólares, y el aparcamiento, 2,8 dólares (1.500 colones). Como cuentan con una página de Facebook en la que informan puntualmente de las condiciones meteorológicas, lo mejor es consultarla antes de hacer la visita. De este modo, el turista que tenga la opción de ir más de un día a ver el volcán sabrá de antemano si está despejado o no. En nuestro caso sólo teníamos esa oportunidad de acudir y, aunque las predicciones no eran halagüeñas, decidimos entrar por si, de repente, las nubes desaparecían, algo que ocurre en alguna ocasión. Cosas de la naturaleza.

Panel informativo de los senderos del Volcán Poás
Panel informativo de los senderos del Volcán Poás

Como se encuentra a una altitud de 2.700 metros es necesario llevar ropa de abrigo (con una sudadera y un chubasquero es suficiente), ya que además la niebla y la alta posibilidad de que llueva hace imprescindible que se vista una prenda que escupa el agua. Del mismo modo, si se quieren recorrer los senderos señalizados es conveniente llevar calzado de senderismo.

Nada más entrar en el Parque Nacional nos dirigimos al mirador del cráter en busca de la ansiada vista. Las nubes lo cubrían al cien por cien y era como estar mirando a la nada. En este punto hay carteles que indican que sólo se puede permanecer un máximo de 20 minutos para que, cuando hay buena visibilidad, no se forme un tapón de visitantes.

Mirador del cráter del Volcán Poas con ninguna visibilidad
Mirador del cráter del Volcán Poas con ninguna visibilidad

En vista de que la primera intentona había sido fallida, iniciamos el recorrido por un sendero circular señalizado de algo menos de dos kilómetros que transita por el Parque Nacional. El paseo se prolonga durante 50 minutos aproximadamente y es una oportunidad de disfrutar con la abundante flora de este bosque nuboso. Además, el sendero llega hasta otro mirador en el que se puede ver la segunda maravilla del Volcán Poás, la Laguna Botos. Se trata de un antiguo cráter de 400 metros de diámetro y 14 de profundidad rodeado de vegetación. Desafortunadamente la niebla también no impidió ver la laguna. Algunos visitantes que se encontraban allí aseguraron vislumbrar algo, pero nosotros sólo vimos una cortina de nubes totalmente opaca.

Inicio del sendero de la Laguna Botos
Inicio del sendero de la Laguna Botos

Sendero de la Laguna Botos
Sendero de la Laguna Botos

Mirador de la Laguna Botos con una densa niebla
Mirador de la Laguna Botos con una densa niebla

Vista de la Laguna Botos
Vista de la Laguna Botos un día despejado. Foto: Geolocation

Tras completar el sendero de la Laguna Botos y ver algún bonito colibrí (nuestro primer contacto con la fauna costarricense), regresamos de nuevo al mirador del cráter del Volcán Poás, pero con la misma suerte que la primera vez. Las nubes no se habían disipado y no vimos absolutamente nada. A falta de las ansiadas vistas, los turistas empezamos a tener como atracción a una pequeña ardilla que se acercó por la zona. Pobre consuelo.

Ardilla en el mirador del cráter del Volcán Poás
Ardilla en el mirador del cráter del Volcán Poás

Colibrí en el sendero de la Laguna Botos
Colibrí en el sendero de la Laguna Botos

Una de las flores más llamativas que se dan en la zona
Una de las flores más llamativas que se dan en la zona

Vegetación del bosque nuboso del Volcán Poás
Vegetación del bosque nuboso del Volcán Poás

Un tramo del sendero entre la vegetación
Un tramo del sendero entre la vegetación

A la hora de regresar al aparcamiento, existe la opción de realizar un recorrido por otro pequeño sendero de 500 metros llamado Escalonia donde es posible contemplar otras especies vegetales de este fantástico lugar. En la entrada del Parque Nacional hay un centro de recepción de visitantes con cafetería y tienda de recuerdos. Allí nos hicimos la única fotografía con el espectacular cráter del Poás. Y es que en la entrada de este edificio hay un gran panel con esta imagen para que todos aquellos que se queden sin disfrutar de este espectáculo de la naturaleza puedan al menos tomar una instantánea. Una vez más: pobre consuelo.

Panel con la imagen del cráter del Volcán Poás en el centro de recepción de visitantes
Panel con la imagen del cráter del Volcán Poás en el centro de recepción de visitantes

Detalle del cráter del Volcán Poás
Detalle del cráter del Volcán Poás

Así concluyó nuestra breve e infructuosa visita al Volcán Poás. Con una espina clavada que esperemos sacarnos algún día. Es lo que tienen los caprichos de la naturaleza.

Pablo Montes y Estefanía Casillas
Periodista e Ingeniera Agrícola. Viajeros

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Comentarios

2 COMENTARIOS

  1. Cuánta razón! Yo fui una de las personas afortunadas, llegué muy pronto porque había leído que a partir de las 10 de la mañana normalmente está cubierto de niebla. Conseguí verlo totalmente despejado, pero cuando volví al cabo de algo más de 30 minutos después de recorrer un poco el parque, ya no se veía nada! Es alucinante jeje. Ya tienes excusa para volver!

    Un saludo!

    • Gracias por tu comentario Irene. En nuestro caso llegamos a las 9 de la mañana pero estaba totalmente nublado. Ahora me da mucha envidia cada vez que veo en el Facebook oficial del parque nacional que el cráter está totalmente despejado. De momento me tendré que conformar con las fotografías a la espera de regresar algún día. Un saludo.

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