Ruta de los cañones del Tormes en Fermoselle

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Ruta de los cañones del Tormes en Fermoselle (Arribes del Duero. Zamora). Dificultad: Moderada. Distancia: 17,2 kilómetros (circular). Duración: 5 horas aproximadamente

La despoblación ha hecho mella con demasiada crueldad en las Arribes del Duero. Hace décadas que la savia nueva prefirió emigrar a seguir deslomándose en los olivares y las viñas por un puñado de pesetas. Aquellos bancales cultivados con precisión casi quirúrgica hoy son pasto de la maleza. Todavía se intuyen en el paisaje arribereño y solo hace falta mirar a la vertiente portuguesa para hacernos una idea de cómo fue en su día la española. Esas huellas que escribieron la historia de las Arribes se aprecian a la perfección en la ruta de los cañones del Tormes en Fermoselle.

Cortados de los cañones del Tormes
Cortados de los cañones del Tormes

Estamos en la villa más solvente de todo el parque natural. La más poblada y que, como su castillo que mira fijamente al Duero, resiste estoica reinventándose y adaptándose a las nuevas circunstancias. Conjunto histórico-artístico desde 1974, Fermoselle es conocido como el pueblo de las mil bodegas porque en los bajos de cada casa hay una donde se conservaba el vino que salía de su autóctona uva Juan García. Además del vino, en los últimos años ha ganado pujanza el aceite de oliva, de extraordinaria calidad. Siempre es un placer dejarse caer por esta localidad que nos propone un buen puñado de bonitas rutas de senderismo. Hace algunos años hicimos la que llega hasta el gran meandro del Duero. Y ahora era el turno de asomarnos a los cañones de nuestro querido río Tormes.

Los cañones del Tormes y el milagro de la naturaleza

En agosto de 2017 un voraz incendio arrasó 2.000 hectáreas del parque natural de las Arribes del Duero en Fermoselle. Una tragedia que dejó tras de sí un paisaje desolador. Tres años después, cuando pensábamos que las heridas de aquel fuego todavía serían visibles, nos llevamos una grata sorpresa. La vegetación había vuelvo a brotar para teñir de verde esperanza lo que quedo pintado de negro. “Por aquí tenemos pandemia de encinas”, nos aseguraba un agricultor fermosellano que encontramos al principio de la ruta. Esas encinas han crecido con fuerza para hacer olvidar una tragedia que esperemos no se vuelva a repetir.

La ruta de los cañones del Tormes se inicia junto a la residencia de ancianos Conchita Regojo. Este edificio a punto estuvo de ser pasto de las llamas, pero afortunadamente se salvó del infierno vivido en aquel verano de 2017. No hay ninguna pérdida, ya que el itinerario está perfectamente señalizado con marcas blancas y amarillas. Un trabajo formidable que los senderistas valoramos sobremanera.

Fuente de las Muelas
Fuente de las Muelas

Entre olivares, viñas y almendros caminamos hacia la fuente de Las Muelas donde unas cabras nos dan la bienvenida con una inusitada efusividad. Entre muros de piedra que sirven para dividir las parcelas y en mitad de un paisaje dominado por el granito, seguimos avanzando dejando atrás la silueta de Fermoselle. En la primera intersección giraremos a la izquierda en dirección al puente de San Lorenzo.

Sendero de la ruta de los cañones del Tormes
Sendero de la ruta de los cañones del Tormes

Comenzamos a subir ligeramente por un camino donde sigue dominando el granito y el matorral bajo. Un escenario no demasiado vistoso, pero un buen aperitivo para lo que vendrá después. Alcanzamos el punto más alto de la ruta, a 745 metros sobre el nivel del mar para comenzar a bajar rumbo al curso del río Tormes. Veremos los restos del incendio en los troncos muertos calcinados que van pasando a un segundo plano entre las encinas, alcornoques, olivos y matorrales que han ido creciendo con vigor. En esta bajada tenemos la explicación de que hagamos la ruta en este sentido y no al contrario. La subida que nos encontraremos al final será mucho más cómoda y progresiva que si tuviéramos que ascender este tramo donde se acumula un importante desnivel.

El río Tormes, el puente de San Lorenzo y el puerto ‘invertido’

La ruta desciende de forma vertiginosa buscando con ansiedad el curso del río Tormes. Poco a poco el paisaje se vuelve más atractivo y vamos intuyendo la típica estampa arribereña. Por el camino se aprecian con nitidez las formas de los antiguos bancales donde sobreviven algunos de los olivos que los ocuparon. Muchos de ellos hacen ‘equilibrismo’ en las laderas rodeados de la maleza que fue un auténtico combustible para el incendio de 2017. Un ejemplo de que las mejores herramientas para prevenir el fuego son la agricultura y ganadería.

Muy cerca de esta zona se encuentra el paraje del Castillo. No pasaremos por él, pero merece una mención especial. Se trata de un cortado granítico donde habitan los buitres con una pequeña cueva que concluye en una especie de balcón que se asoma a un precipicio de 70 metros. Muy cerca se localizaban los huertos que eran la auténtica despensa de Fermoselle. Según nos contó el amable agricultor con el que charlamos, en los buenos tiempos se llegaron a recoger hasta ocho millones de kilos de uva al año, mientras ahora la cifra se ha reducido a solo 40.000 kilos.

El descenso se hace cada vez más interesante en cuanto al paisaje se refiere. Los olivares se van haciendo los dueños y señores del terreno, vemos alguna higuera y también los primeros buitres que se asoman desde su refugio de los cortados graníticos. En época de lluvias escucharemos el discurrir del arroyo del Bravío, afluente del Tormes. Antes de contemplar al río protagonista de esta ruta haremos parada en una antigua fábrica de la luz convertida en palomar. Una de las muchas pequeñas centrales que cayeron en el olvido con la construcción de los grandes embalses y que surtía de electricidad a los vecinos de Fermoselle.

Una de las primeras vistas del río Tormes
Una de las primeras vistas del río Tormes

Caminamos cada vez más cerca del Tormes acunándonos con su sonido. Aunque a estas alturas su fuerza se ha visto mermada por el efecto de la presa de Almendra, todavía da coletazos de su furia antes de despedirse entregando sus aguas al Duero en el paraje villarinense de Ambasaguas.

Puente de San Lorenzo
Puente de San Lorenzo

La vegetación de ribera nos saluda a medida que nos acercamos a uno de los puntos más interesantes de esta ruta de los cañones del Tormes. Hablamos del puente de San Lorenzo y del puerto ‘invertido’ de la Cicutina. Decimos ‘invertido’ porque es su cota más baja. Un puerto que hermana a Salamanca y Zamora al unir a las localidades de Trabanca y Fermoselle. Nos cuenta nuestro amigo Javier Herrero que junto al puente llegó a existir un bar al que acudía con su abuelo. Allí preparaban los peces que pescaban en el río y vendían un queso excelente. Hoy quedan unas pocas ruinas próximas a una pequeña playa fluvial donde refrescarse en las frescas aguas del Tormes.

Ascensión por los cañones del Tormes acompañados de los buitres leonados

Junto al puente de San Lorenzo, y tras cruzar con precaución la carretera, el sendero de nuestra ruta se mezcla con el del GR-14, la Senda del Duero. Durante unos metros en los que iremos en paralelo al Tormes compartiremos itinerario con la etapa 32 de este camino natural que une Trabanca con Fermoselle. Estamos en una zona de frondosa vegetación de ribera que nos regalará imágenes de gran belleza. Alisos, sauces, fresnos y chopos configuran un tupido bosque que nos protege del sol.

Vegetación de ribera en el tramo común del GR-14 y la ruta de los cañones del Tormes
Vegetación de ribera en el tramo común del GR-14 y la ruta de los cañones del Tormes

Comenzamos a ascender hasta un punto en el que despedimos el GR-14 para seguir por nuestra ruta señalizada con marcas amarillas y blancas. El entorno se vuelve más escarpado y empieza a mostrarnos la verdadera dimensión de los cañones del Tormes. Las particulares arribes que forma este río kilómetros antes de su desembocadura. El sendero sube sin ofrecernos mayor dificultad hasta que alcanza una pista. Giraremos a la izquierda para comenzar nuevamente a bajar rumbo al Tormes en dirección a los conocidos como baños de Cordero.

Cañón del río Tormes
Cañón del río Tormes

Los baños de Cordero y los cortados del Tormes

En lugar de sendero, lo que nos espera en los próximos metros es una cómoda pista que pasa junto a unas grandes torres eléctricas. El Tormes, que en este punto forma algunos meandros, se vuelve a mostrar exultante. Pronto veremos el desvío a los baños de Cordero. Apenas unos metros que tendremos que deshacer, pero que merecerá la pena recorrer. Este pago, cultivado con esmero en su día aprovechando la cercanía del río, nos deja hoy una pequeña playa fluvial donde las aguas cristalinas del Tormes avanzan con suavidad. En este punto nos cuenta la historia que había unos baños romanos y también se localiza la cueva del Buraco del Diablo.

Baños de Cordero
Baños de Cordero

Después de relajarnos en este lugar tan especial, regresamos al sendero para caminar por uno de los tramos más atractivos de esta ruta de los cañones del Tormes. La vereda se va cerrando gracias a las encinas, olivos y madroños que la abrigan. Mientras, vemos el río a nuestra izquierda y los cortados, al fondo. Este es un buen sitio para hacer un alto en el camino y gozar con la mejor panorámica del cañón mientras contemplamos el elegante vuelo de los buitres leonados.

Vista del Tormes después de dejar atrás los baños de Cordero
Vista del Tormes después de dejar atrás los baños de Cordero

Última subida y regreso a Fermoselle

El tramo más duro de la ruta es el que nos espera mientras nos despedimos de los cañones del Tormes. Una subida en zigzag que desemboca en una amplia pista. A partir de aquí el atractivo del paisaje disminuye puesto que nos espera una sucesión de parcelas de pastos y cultivos hasta llegar a Fermoselle. Hay un punto que puede llevar a confusión, ya que en un momento dado dejaremos esta pista para tomar un sendero a nuestra izquierda. Es el único desvío de la ruta que no está señalizado por lo que habrá que estar atentos. Este sendero adquiere un mayor interés porque la vegetación de olivos, encinas y algún pequeño roble es más tupida.

Sendero que tomamos tras el giro a la izquierda en la pista
Sendero que tomamos tras el giro a la izquierda en la pista

Llegaremos a una pista asfaltada donde a ambos lados veremos de nuevo los dos cultivos que son santo y seña de Fermoselle: los olivares y las viñas.

Iglesia de Fermoselle al fondo en una de sus calles más pintorescas
Iglesia de Fermoselle al fondo en una de sus calles más pintorescas

Vistas desde el mirador del Torojón
Vistas desde el mirador del Torojón

Con este sensacional acompañamiento regresaremos a la localidad accediendo por la carretera que la une con la población de Bemposta a través del embalse del mismo nombre. Pasaremos por el cementerio y la ermita de la Soledad y será imprescindible perderse las calles del pueblo para subir a su castillo, asomarnos al mirador de El Torojón o admirar la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Un perfecto colofón para despedir la ruta de los Cañones del Tormes y admirar el encanto cautivador de Fermoselle.

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Pablo Montes y Estefanía Casillas
Periodista e Ingeniera Agrícola. Viajeros

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