Cómo llegar a Abu Simbel, el milagro que hay que visitar en Egipto

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La historia de cómo llegar a Abu Simbel es un experiencia inolvidable. Porque Abu Simbel es un milagro. Es un milagro que hace 3.200 años los egipcios tallaran en la roca los majestuosos templos dedicados a Ramsés II y a su esposa favorita, Nefertari. Es un milagro que dominaran con tal precisión el sol que lograran que cada 21 de febrero (fecha del nacimiento de Ramsés II) y cada 21 de octubre (día de su coronación) los rayos solares que entran al templo dedicado al rey iluminen tres de las cuatro figuras que acoge la última sala o santuario sagrado. Las de Ra-Horajty, el propio Ramsés II y Amón. Es un milagro que las representaciones de sus paredes con pasajes extraordinariamente realistas y expresivos de la batalla de Kadesh (1274 a.C.) se hayan conservado hasta nuestros días. Es un milagro que los templos fueran rescatados de una desaparición casi segura bajo las aguas del lago Nasser tras la construcción de la presa alta de Asuán. Es un milagro que la Unesco y Egipto diseñaran un plan tan perfecto que permitió trasladar los templos cortándonos literalmente de la montaña  en 2.000 bloques de hasta 40 toneladas cada uno y que su resultado final fuera tan preciso. Es un milagro que levantaran una montaña artificial que reproduce a la que originalmente abrigaba los templos. Es un milagro que la propuesta de un obrero fuera clave para el éxito de la hazaña. Se le ocurrió llenar el interior de los templos de arena para que se secara el mortero y el cemento que usado para crear la montaña artificial. Es un milagro que a día de hoy podamos seguir disfrutando de semejante maravilla.

Estefanía ante el templo de Ramsés II

Tan importante es viajar a Egipto y maravillarse ante sus pirámides de Giza como remontar el Nilo y dar a parar a una pequeña población en la frontera con Sudán. Todo merece la pena por Abu Simbel. Incluso pegarnos el madrugón más grande de nuestras vidas. Levantarse a la 1:30 de la madrugada para coger un autobús a las 2:30 y llegar a nuestro destino cuando los primeros rayos de luz hacían su aparición. Sin apenas turistas. Con una temperatura idónea. Difícil encontrar una mejor manera de comenzar nuestro viaje a Egipto en una semana. Imposible no rendirse ante la civilización de civilizaciones. Genios adelantados a su tiempo que dejaron una huella imborrable.

¿Cómo llegar a Abu Simbel?

Nos encanta viajar por libre. Para nosotros es la forma de aprovechar más el tiempo, exprimir cada rincón, no depender de nadie y organizarte todo a nuestro ritmo. Pero con Egipto tuvimos que hacer una excepción y no nos arrepentimos de ello. Al margen de las recomendaciones del Ministerio de Exteriores español que aconseja viajar al país norteafricano sólo de forma organizada, pensamos que en este caso concreto podía ser más provechoso. Sobre todo porque la visita a Abu Simbel se enmarcaba dentro de los cuatro días de crucero por el Nilo y estaba incluida dentro del paquete que contratamos a través de Destinia.

Amanecer en el lago Nasser en Abu Simbel

Los que quieran saber cómo llegar a Abu Simbel por libre tienen la opción del avión y así evitar el largo viaje en autobús. EgiptAir ofrece tres vuelos diarios entre Asuán y Abu Simbel de domingo a viernes. Otra alternativa es contratar un coche privado con alguna agencia o guía local. Pero insistimos que, después de nuestra experiencia, recomendamos hacerlo organizado para ganar en tranquilidad y comodidad.

Los dos templos de Abu Simbel

Hay algo que va ligado desde hace años a la visita organizada a Abu Simbel: madrugar. La carretera que une Asuán con los templos está sometida a un férreo control para evitar atentados y asaltos en una zona tan sensible para el turismo. Por este motivo, de madrugada se abre especialmente para los autobuses turísticos que van acompañados de una escolta policial. Cinco horas de viaje sin cruzarte con absolutamente nadie para llegar a Abu Simbel cuando comienza a amanecer. Es un esfuerzo, no cabe duda. Y más cuando apenas dormimos tres horas en nuestro camarote del barco. Pero todo merece la pena.

¿Qué ver en los templos de Abu Simbel?

El ser humano es bipolar. Es capaz de lo peor, pero también de lo mejor. En Abu Simbel tenemos el segundo ejemplo. Desde los egipcios que levantaron sus templos hasta el movimiento internacional que los salvó de quedar sumergidos bajo las aguas del lago Nasser. Porque entre 1960 y 1980, y con la financiación de más de medio centenar de países, se hizo posible lo imposible. La construcción de la presa alta de Asuán, clave para el abastecimiento de agua de la creciente población egipcia, iba a acabar con 3.000 años de historia. Muchos de los templos de la región de Nubia no pudieron ser rescatados, pero 14 se salvaron. Entre ellos, el templo de Debod, que hoy se puede contemplar en Madrid como regalo del gobierno egipcio al español por su ayuda en esta operación de rescate.

Dos de las estatuas de Ramsés II

Los templos de Ramsés II y Nefertari fueron los que requirieron un mayor esfuerzo para su conservación. Un auténtico milagro que, ni los más optimistas, pensaban que podría ser realidad. Fueron cortados pieza a pieza de la montaña y desplazados 65 metros por encima de su ubicación. Lo justo como para salvar las aguas del lago artificial más grande del mundo. El que lleva el nombre del que fuera presidente egipcio. En 1968 culminó una de las operaciones de ingeniería más grandiosas de la historia de la humanidad y los templos reabrieron.

El templo de Ramsés II, donde el faraón se convierte en dios

El sol ilumina la imponente portada del templo de Ramsés II en Abu Simbel. El color de la piedra arenisca reluce de manera especial. Los primeros rayos de la mañana otorgan un halo mágico a las colosales estatuas del faraón más longevo del Antiguo Egipto. Representan al monarca en cuatro momentos de su vida. La parte superior de la segunda se vino abajo a consecuencia de un terremoto y sus restos siguen en el suelo. Al tratarse de estatuas labradas sobre la roca como ocurre por ejemplo en Petra, es imposible pegar la piedra desprendida y que se mantenga.

Estatuas de Ramsés II

Resulta muy complicado ponerse en la piel del suizo Jean-Louis Burckhardt, el explorador que descubrió estos templos cuando la arena llegaba por encima de las cabezas de Ramsés II. Eso pasó en 1813 y cuatro años más tarde, el italiano Giovanni Belzoni fue el encargado de extraer la arena suficiente como para acceder a su interior.

Ayman, nuestro guía durante el viaje, nos explicó con detalle todo lo que íbamos a encontrar en el interior del templo. Porque si fascina por fuera, una vez dentro la emoción se desborda. Como no está permitido hacer fotografías, os mostramos en tres imágenes libres de derechos la grandiosidad de este lugar. Tras cruzar su puerta, nos encontramos con la gran sala hipóstila donde destacan los relieves de la batalla que Ramsés II libró contra hititas en Kadesh (la actual Siria). En el más famoso, el faraón cabalga sobre un carro de caballos disparando flechas a sus enemigos.

Relieve de la batalla de Kadesh en el templo de Ramsés II en Abu Simbel
Relieves del interior del templo de Ramsés II en Abu Simbel

En el vestíbulo con cuatro columnas están representados Ramsés II y Nefertari ante los dioses y las barcas solares y finalmente el santuario sagrado, muestra las estatuas del propio faraón como un dios más junto a Ra-Horajty, Amón y Ptah. Este lugar es donde el sol iluminaba a los tres primeros los días 21 de febrero y 21 de octubre. Pero con el traslado, este fenómeno se produce un día después. No cabe duda de que el templo, construido al sur del país y alejado del resto para no entrar en competencia con los dedicados a otros dioses, eleva a Ramsés II a la categoría de deidad.

Cuatro estatuas del santuario sagrado del templo de Ramsés II en Abu Simbel

El único templo dedicado a una reina consorte

De todas las mujeres que tuvo Ramsés II, Nefertari era su favorita. La guapa entre las guapas. De una belleza radiante, era procedente de la región de Nubia. Precisamente donde su ubica Abu Simbel y una de las razones que pueden explicar que Ramsés II eligiera este lugar para levantar los templos. La portada cuenta con seis estatuas de diez metros del faraón y Nefertari de pie junto a algunos de sus hijos. La reina consorte está ataviada con el vestido de la diosa Hathor. Lo más llamativo es que marido y mujer están a la misma altura. Algo que no ocurre en ninguna otra representación del Antiguo Egipto, donde la esposa siempre se situaba a la altura de las rodillas del hombre. Eso demuestra el papel capital que otorgó Ramsés II a Nefetari, como también se comprueba en la maravillosa tumba que se puede visitar en el Valle de las Reinas de Lúxor.

Fachada del templo de Nefertari

En el interior destacan los capiteles de la sala hipóstila que están coronados con la cabeza de la diosa Hathor, representada como una vaca. Los relieves de las paredes vuelven a mostrar a Nefertari al mismo nivel que Ramsés II.

Estatuas de Ramsés II y Nefertari en el templo de esta última

El calor empieza a apretar. Son apenas las 7:30 horas. Una visita breve, pero intensa. Suficiente como para que Abu Simbel haya quedado en nuestra memoria de manera perenne. Un sueño cumplido. La historia de un milagro que nadie que vaya a Egipto se puede perder.

Pablo Montes y Estefanía Casillas
Periodista e Ingeniera Agrícola. Viajeros

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Comentarios

4 COMENTARIOS

  1. Acabo de venir de ese viaje tan espectacular por el antiguo y actual Egipto, y es tan real como lo pintan. ABU SIMBEL: Madrugar a la 1.00 h es necesario para arrancar el autobús a las 2.00, desde Asuán, y emprender viaje por la oscuridad del desierto y carreteras de rectas interminables y controles de policía en lugares remotos; de tal forma que mientras das una cabezada te presentas al amanecer en esa grandiosidad de templo. A finales de Octubre nos reciben 25º C a las 5.00 y no conseguimos ser los primeros. Pero está claro que no sufriremos el calor de su mediodía, ni los 65 º C que tuvieron en el verano. Grandiosidad a la vista de todos. Llegar a Egipto y no verlo es poco recomendable…..

    • Gracias por compartir tu experiencia Chema y por visitar el blog. Lo has definido perfectamente y lo has resumido mejor aún, ir a Egipto y no ver Abu Simbel es casi un pecado. Como contamos en el post, fue el madrugón mejor empleado de nuestras vidas. Un saludo y nos alegra que hayas disfrutado de este viaje.

  2. Interesante relato un favor me puedes indicar como tomaron ese tour a la 1:00 porque yo veo por internet que salen a las 4, lo contraron alla o online. o como fue. Gracias.

    • Hola Luis, gracias por tus palabras y por visitar el blog. Nosotros contratamos todo el viaje a Egipto con Destinia en uno de sus paquetes más completos que incluye el crucero por el Nilo, Abu Simbel y El Cairo. Este viaje tiene siempre la visita a Abu Simbel a esa hora, por lo que es una de las mejores opciones. Hay otras empresas que la programan más tarde como apuntas, pero es mejor madrugar y así llegar al amanecer y evitar las horas de más calor. Un saludo.

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