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¿Un decorado de cartón piedra o un escenario real? ¿Una postal imaginaria o la más bella y palpable de las construcciones? ¿Un lugar perdido en los confines de la tierra o un enclave accesible? ¿Un sueño o una realidad? Hasta mayo de 2017 Petra era para nosotros la primera parte de cada una de estas preguntas. Habíamos visto tantas veces en televisión, en cómics, en el cine, en revistas, en enciclopedias, en periódicos… la imagen del Tesoro, que se había convertido en una especie de quimera. En un sueño imposible de algo grandioso. Habíamos idealizado la escultura más perfecta y grandiosa que los nabateos realizaron sobre la roca arenisca de este rincón de Jordania. Por este motivo, cuando realizamos nuestro viaje a Israel por libre, teníamos claro que, al menos Petra, tenía que sumarse al itinerario. Y así fue.
La pregunta que se pueden hacer algunos lectores es si, después de ese amor platónico profesado durante más de tres décadas, el Tesoro cumplió las expectativas. Es el peligro que se corre cuando idealizas algo. Cuando lo elevas a los altares. Pero la grandeza de Petra es que todo, absolutamente todo se queda corto. Jamás olvidaremos el trayecto de 1,2 kilómetros por el desfiladero del Siq. Sabíamos que detrás de una de sus curvas llegaría el momento de ver cara a cara a nuestro amor. Y así fue, el bullicio nos anunció que el momento del encuentro estaba cerca. Había más pretendientes. No estábamos solos. Al fondo se comenzaba a entrever. Como el telón del teatro que se abre poco a poco. A cámara lenta. Y por fin llegó el gran día. Pablo y Estefanía ante la joya de la corona de una de las maravillas del mundo. Todas las revistas, documentales, periódicos, enciclopedias, blogs, postales, posters, cómics de Tintín y películas de Indiana Jones… Todo, absolutamente todo se quedó corto. Muy muy corto. Si nuestra historia de amor se parece a la vuestra y aún no habéis tenido esa primera cita, no lo dudéis. En Jordania os espera. Por eso os vamos a contar qué ver en Petra y cómo preparar un viaje hasta allí. Se lo debemos al amor de nuestra vida.
La ciudad cincelada en la roca para honrar a los muertos
Como bien dice Paco Nadal, es un tanto absurdo escribir algo nuevo de Petra. Ya está dicho todo, explicado todo, aunque no descubierto todo. De hecho el 80% de esta ciudad sigue oculta. Las tormentas de arena y el paso del tiempo sepultaron las maravillas creadas por los nabateos. Por eso las excavaciones continúan y Petra seguirá ofreciendo más sorpresas en el futuro. Aunque no queremos aburrir con datos que se pueden consultar en las enciclopedias virtuales, es imprescindible hacer una breve introducción de qué es Petra.
Los nabateos, el pueblo ismaelita que habitó la actual Jordania y gran parte de Palestina, tenía una particular manera de honrar a sus muertos. Aunque eran nómadas que residían en jaimas, dedicaron sus mayores esfuerzos en homenajear a los que ya se fueron. Por eso tallaron la rosada roca arenisca con monumentos funerarios que varían en espectacularidad en función del nivel social de la persona fallecida. Cuando muchos se preguntan qué hay detrás de cada fachada, la respuesta es sencilla. Nada de relevancia. Un recoveco donde descansaba para siempre el que se iba de este mundo junto a sus pertenencias. Decimos descansaba porque los beduinos, el pueblo que residió en este lugar, expolió gran parte de los tesoros que se encontraban en el interior de esas tumbas. Era cuestión de supervivencia y una época en la que no había conciencia de preservación.
Los nabateos abandonaron Petra en el siglo VI después de Cristo, pero la ciudad no fue descubierta hasta el siglo XIX por el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt. Hoy podemos disfrutar de una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno que, como no podía ser de otra forma, es Patrimonio de la Humanidad.
¿Dónde está Petra y cómo llegar hasta ella?
Petra se encuentra al suroeste de Jordania. A tres horas en coche de la capital del país, Ammán y a casi dos de la frontera sur con Israel. Su acceso es cómodo por carretera desde ambos puntos. Nosotros incluimos Petra dentro de un viaje de diez días a Israel y Jordania. Cruzamos la frontera sur de los dos países, sin duda la más cómoda, ágil y tranquila (en este post tenéis toda la información necesaria para saber cómo cruzar de Israel a Jordania). Una vez en el Reino Hachemita tomamos un taxi que nos llevó hasta Wadi Musa, una ciudad que ha crecido al albur del tirón turístico de Petra.
Para viajar desde la frontera entre Israel y Jordania a Petra lo mejor es ponerse de acuerdo con alguno de los viajeros que hagan ese mismo recorrido y compartir taxi. Nosotros lo hicimos con Pedro, un lisboeta que viajaba solo y con el que disfrutamos de un agradable viaje de casi dos horas hasta la ciudad de los nabateos. El taxista nos cobró 60 dinares (74 euros) a dividir entre los tres. Con él también concertamos al viaje al día siguiente hasta Wadi Rum, nuestra siguiente parada en Jordania.
Desde Ammán, además del taxi (entre 50 y 60 dinares), se puede optar por el autobús. Los de la empresa JETT salen domingos, martes y viernes a las 6:30 desde la capital jordana y regresan desde Wadi Musa a las 16:00 horas.
¿Dónde alojarse en Petra?
Wadi Musa es la puerta a Petra. El “dormitorio” que acoge a los miles de visitantes que cada día anhelan encontrase con el amor platónico que representa la ciudad excavada en la roca por los nabateos. Es una urbe sin ningún interés turístico, pero con todos los servicios necesarios para que la estancia sea lo más agradable posible: hoteles, tiendas, cajeros, restaurantes, supermercados… En 2017 el precio de los alojamientos era muy bajo, aunque con la recuperación del turismo en la zona ha subido ligeramente. Nosotros optamos por un hotel de cuatro estrellas moderno, cómodo, con desayuno y desde el que se podía ir caminando a Petra. Se trata del Peace Way Hotel que puedes reservar a través de este enlace y que es una garantía en todos los aspectos. Difícil olvidar su desayuno, en el que nos agasajaron con una interminable nómina de productos típicos que parecía no tener fin: aceitunas, humus, dátiles, queso, tomate, tortilla, pita… La imagen lo dice todo.
¿Es peligroso viajar a Petra?
La guerra en Siria y la complicada situación que atraviesa el Líbano hicieron que en 2011 Jordania sufriera una alarmante caída en el número de turistas. De nada sirvió que el Reino Hachemita sea uno de los países más estables de la región, donde los atentados terroristas se cuentan con los dedos de una mano y el trato al visitante es formidable no, lo siguiente. Pero el turismo es muy volátil y miedoso. Y algo que no debería afectar a tu seguridad como es que un vecino tuyo esté en guerra, se convierte en una bomba de relojería para los que no se molestan en buscar más información y toman la parte como un todo. Por eso hay que dejar claro que ni antes ni ahora Petra ni Jordania son peligrosos. Es un país seguro al que se puede viajar por libre sin ningún tipo de problema.
La parte positiva de todo esto es que durante varios años la ciudad de los nabateos no ha estado masificada. Cuando la visitamos en mayo de 2017 el número de turistas era muy reducido, lo que nos permitió disfrutar del Tesoro prácticamente en solitario al atardecer. Y eso que ese mes es temporada alta. Un lujo que convirtió el viaje en aún más especial.
Mejor época para visitar Petra
Las oscilaciones térmicas que se registran en Petra son enormes. Entre septiembre y febrero las noches son muy frías y la lluvia, e incluso la nieve, suelen hacer acto de presencia. Entre junio y agosto las temperaturas se disparan con días excesivamente cálidos que dificultan notablemente la visita por un espacio tan amplio como es la ciudad de los nabateos. Por lo tanto la mejor época para visitar Petra es entre marzo y mayo. Los días son largos, las temperaturas son excesivamente calurosas y las noches, frescas.
Qué ver en Petra en un día
Entrando a primera hora de la mañana y apurando hasta casi el atardecer, es posible ver Petra en un día. Al menos lo fundamental. Eso sí, hay que ir dispuestos a caminar e ir bien pertrechados con agua, protección solar, calzado cómodo y ropa traspirable si las temperaturas son elevadas. Todo esfuerzo merecerá la pena. La visita es una auténtica montaña rusa de emociones. Continuamente hay ganas de más y más. Y de principio a fin las expectativas se colman.
Los que tengan más tiempo y prefieran tomarse todo con más calma, pueden dedicarle dos días e incluso tres. Eso sí, uno de ellos tienen que acercarse hasta Little Petra. Incluso los más aventureros pueden hacer la ruta se senderismo de 12 kilómetros que separa ambos puntos. La Pequeña Petra es la puerta de entrada a la gran ciudad nabatea. Una especie de aperitivo con el que se encontraban los visitantes antes de degustar el plato principal. Por este motivo, si el viaje permite disfrutar de ambos lugares, lo mejor es acudir primero a Little Petra. En nuestro caso deberá ser en una próxima ocasión que viajemos a Jordania.
El itinerario de todo lo que ver en Petra arranca en el centro de recepción de visitantes. La entrada cuesta 50 dinares jordanos (62 euros). Un precio elevado en comparación con otros bienes y servicios del país. Pero ¿quién está dispuesto a escatimar para encontrarse con el amor de su vida? El dinero en este caso es lo de menos.
Petra va de menos a más. Primero tenemos que recorrer algo más de un kilómetro por un camino en el que nos encontramos los primeros aperitivos. La tumba del Obelisco, con influencias egipcias, y el Triclinium de Bab as-Siq, una cámara donde se celebraban fiestas sagradas. En este tramo inicial empezamos a asistir a una de las cosas que más indignan en Petra. El trato que reciben los caballos y, sobre todo los burros, con los que los beduinos transportan a los turistas menos dados a caminar. Auténticos trabajos forzados propios de otro tiempo. Nosotros no contribuimos a ese negocio, y aunque exista la tentación de hacerlo para ahorrase esfuerzos, la magia de Petra está en andar y andar por cada uno de sus tesoros.
La historia de los beduinos en Petra
Están en cada rincón. Venden agua, artesanía, piedras, bocadillos… Controlan los burros, los carruajes, miradores… Intentan aprovechar la afluencia de turistas al máximo. Son los “dominadores” de Petra. Hombres, mujeres y hasta niños. Y no es algo caprichoso ni fortuito. Es de ley. Porque la gran injusticia que se cometió con ellos en los años 80, merecía una recompensa. Hablamos de los beduinos y de su historia con Petra.
La antigua ciudad de los nabateos fue la casa de los beduinos. Vivían en sus cuevas y tumbas y fueron los que en su día se llevaron las joyas que había dentro de ellas. Era al fin y al cabo su tierra. Pero la declaración de Petra como Patrimonio de la Humanidad y el aumento del turismo hizo que el rey Hussein tomara la polémica decisión de desalojarlos de la ciudad rosada en 1984. Para paliar esa injusticia, el monarca hachemita les concedió su explotación turística.
El Siq, la “alfombra rosada” que nos lleva al Tesoro
Las emociones fuertes llegan cuando nos adentramos en el desfiladero. El Siq para los jordanos. 1,2 kilómetros que se hacen cortos. Un túnel entre rojizo y rosado abrigado por “rascacielos” de hasta 80 metros de altura. Una escultura labrada con el tiempo que se ha convertido en una de las mejores obras de arte de la naturaleza. Formas imposibles de colores imposibles. Una “alfombra rosada” hacia la gloria. Por momentos tienes que frotarte los ojos para cerciorarte de que todo lo que estás viviendo es real.
Por un lado el corazón te dice que tienes que caminar rápido para contemplar el Tesoro lo antes posible. Pero por otro, la mente te aconseja disfrutar de cada paso. Exprimir cada centímetro de tierra pisada. Mirar hacia todos lados y sentirte un privilegiado. De pronto, los murmullos aumentan de volumen. Casi como una aparición mariana, el estrecho Siq deja ver los primeros rasgos de nuestro amor platónico. A cámara lenta. Destapando poco a poco el tarro de las esencias. Solo hay que caminar un poco más para tenerlo delante. 30 metros de ancho por 43 metros de alto. La genialidad que los nabateos esculpieron en el siglo I antes de Cristo. Primero tumba real y después templo. Es el Tesoro (Al-Khazneh). Nuestro amor ante nuestros ojos. Sobran las palabras.
Selfie en el Siq Un carruaje y el Tesoro Juntos delante del Tesoro El Tesoro, a mediodía
Lo mejor de todo es que siempre hay, como mínimo, un segundo encuentro con el Tesoro. En el camino de vuelta. En nuestro caso fue casi al atardecer. El sol ya no iluminaba la fachada como lo hacía por la mañana. Pero el color que adquiere es igualmente sublime. Y lo mejor de todo es que estuvimos solos. Increíble.
Los miradores del Tesoro y Petra a la luz de las velas
Hay más formas de contemplar el Tesoro que, por cuestiones de tiempo, fue imposible vivirlas. Una son los miradores, que permiten apreciar la construcción de los nabateos desde las alturas. Este post del blog “Wander on World” explica cómo se llega a cada uno de ellos con magníficas fotografías.
También los que dispongan de más tiempo pueden gozar de una perspectiva totalmente diferente de la ciudad rosada. De noche y a la luz de las velas. “Petra by night” es un tour de dos horas que comienza en el centro de visitantes y concluye en el Tesoro. Todo el camino está iluminado por más de 1.500 velas que otorgan al recorrido un misticismo singular. El precio de la entrada es de 17 dinares jordanos (21 euros).
Más tumbas, mosaicos, un teatro… El apasionante camino al Monasterio
Después de contemplar el Tesoro parece que la montaña rusa de emociones sólo puede bajar. Pero no es así. Aún queda mucha tela que tejer. Nos desviamos a la derecha para ir cogiendo altura y así contemplar las tumbas reales. Muy castigadas por la erosión debido a su mayor exposición a las condiciones climatológicas. La Tumba de la Urna, que más tarde fue iglesia bizantina; la del Palacio, con sus columnas y pilares; y la de Sextius Florentinus, emperador romano que quiso ser enterrado en Petra, son las tres más espectaculares.
A estas alturas el calor ya era sofocante y la necesidad de agua era imperiosa. Aunque fuimos equipados con varias botellas, duraron lo mismo que un caramelo a la puerta de un colegio. No quedó más remedio que comprar más en los puestos de los beduinos aunque los precios no eran precisamente económicos.
Descendimos nuevamente a la ruta principal para seguir deleitándonos con la magia de Petra. Como el Teatro, que se asemeja a los construidos por los romanos, pero que fue levantado por los nabateos en el siglo I después de Cristo. Esa influencia romana también se releja en la Vía Columnada. Como también nos traslada a Roma la iglesia bizantina ubicada en una ladera de la calle Columnada y que destaca por unos espectaculares mosaicos del siglo VI.
Cuando el cansancio aprieta y la tarde va avanzando, no queda más remedio que hacer un esfuerzo para alcanzar el premio final de Petra. Para ello hay que salvar un angosto sendero y subir más de 800 escalones. Allá donde la ciudad rosada acaba y comienza la sucesión de montañas de Wadi Araba, se levanta el Monasterio (Ad-Deir). Siempre a la sombra del Tesoro, pero con una belleza descomunal. Fue tumba, templo e iglesia en la época bizantina. No son demasiados los que llegan hasta allí y por eso la sensación de triunfo es mayor. Allí coincidimos con un grupo de españoles de la Universidad de la Experiencia de la Complutense de Madrid. Ellos y nosotros, de los pocos valientes que aquel día completamos uno de los recorridos más maravillosos de nuestras vidas.
Tocaba regresar. Poner fin a la cita más romántica, no sin antes volver a despedirnos de un Tesoro en perfecta calma. Sin bullicio ni turistas. Aquella tarde-noche, en Wadi Musa, disfrutamos de un kebab jordano en la terraza de un bar. Nuestra mirada no podía dejar de dirigirse a Petra. Detrás de la ciudad rosada se escondía el sol.
Pablo!!!! Graciassss, qué suerte tener ya vuestro plan de Petra!
Un abrazo grande gracias de nuevo.
Está genial!!