Tresminas, el dorado tesoro portugués de Roma

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En la Península Ibérica también hubo fiebre del oro. Mucho antes de la que recorrió California a mediados del siglo XIX. Mucho antes incluso de que España fuera España y Portugal, Portugal. No importaba que hubiera que remover cielo y tierra para encontrar el preciado metal. Sobre todo tierra y roca. Que se lo digan al protagonista de esta particular fiebre. Nada más y nada menos que el Imperio Romano. Lo necesitaba para acuñar monedas y en el noreste de la “piel de toro” encontró un filón.

Pueblo de Tresminas
Pueblo de Tresminas

Daba igual que para ello tuvieran que quebrar literalmente la montaña con agua como sucedió en Las Médulas en León. O directamente picando y picando galerías o en la superficie del entorno del actual concelho portugués de Vila Pouca de Aguiar. Hablamos de Tresminas, uno de los yacimientos de oro más prolíficos para el Imperio Romano. Y eso que hubo cerca de 800 en la Península. Entre los siglos I y III d.C. se extrajeron de este enclave 25 toneladas de oro puro. Casi nada. Esa red de galerías que surtieron de oro a Roma acabaron sepultadas hasta que en los años 50 del siglo pasado se redescubrieron.

Representación romana en Tresminas
Representación romana en Tresminas

Pero no ha sido hasta ahora cuando Tresminas se ha erigido nuevamente como fuente de riqueza gracias al turismo. La zona se ha recuperado con senderos, un completo centro de interpretación y la posibilidad de visitar algunas de sus galerías. Aquellas en las que los trabajadores del Imperio extraían el oro escondido entre el cuarzo y el esquisto. Esta puesta en valor ha sido posible gracias a una inversión de 1,84 millones de euros por parte de Iberdrola. Como compensación por el proyecto hidroeléctrico que está desarrollando en el Alto Támega, la compañía se ha implicado en la puesta en marcha de diferentes iniciativas turísticas y medioambientales para colocar en el mapa una zona de Portugal muy desconocida para el gran público y, en ocasiones, olvidada.

Una de las galerías de Tresminas
Una de las galerías de Tresminas

Tresminas poco tiene que ver con la irradiante belleza de Las Médulas, pero es un lugar idóneo para descubrir con guías especializados la maestría de los romanos a la hora de buscar oro. Auténticos adelantados a su tiempo capaces de localizar dónde estaba y extraerlo de la forma más eficiente posible. Cosas que a día de hoy, en pleno siglo XXI, nos siguen asombrando.

¿Cómo llegar a Tresminas?

Tresminas pertenece al concelho de Vila Pouca de Aguiar. Está a casi dos horas de Oporto y a poco más de 45 minutos de Vila Real. Un lugar que no pilla de paso para casi nada, pero del que a partir de ahora se va a comenzar a hablar. Tresminas tenía un tesoro dormido que ha vuelto a renacer. Ya ha logrado lo más difícil. Poner en marcha un proyecto que tiene como base un centro de interpretación. El objetivo es seguir dándole forma y abrir más galerías al público para mostrar las huellas de ese admirable trabajo de ingeniería de los romanos.

¿Cómo se extraía el oro en Tresminas?

Los romanos no daban puntadas sin hilo. Obviamente no se ponían a dejar una montaña como un queso gruyer si no tenían la seguridad de que iban a encontrar lo que buscaban, el preciado metal. Para ello en primer lugar iban a los ríos. En ellos utilizaban la técnica de la batea para localizar brillantes pepitas. De ser así iban directos a los lugares donde procedían esos ríos siguiendo el rastro del metal amarillo. Allí hacían las correspondientes prospecciones para corroborar que efectivamente, estaba lo que se anhelaban.

Una réplica de un molino de Tresminas y el polvo resultante para posteriormente batear
Una réplica de un molino de Tresminas y el polvo resultante para posteriormente batear

En Tresminas ocurrió así, por lo que, dicho y hecho, empezaron a picar. En primer lugar extrajeron el oro “a pelo”. Es decir, sin la ayuda de la fuerza hidráulica como ocurrió, por ejemplo, en Las Médulas. El agua en este caso se utilizó para ir limpiando las galerías de la roca sobrante que se iba almacenando en los valles. Para eso embalsaban el agua del río para impulsarla mediante canales al interior de las galerías. Estos túneles son lo suficientemente anchos para que circularan carros impulsados por bueyes para sacar los pedazos de roca donde se encontraba diseminado el oro. De hecho, a la hora de visitar las galerías podemos comprobar perfectamente las marcas que dejaron las ruedas de los carros, además de los huecos donde se ponían los lucernarios. Lámparas que servían para iluminar las galerías, pero también para controlar las horas de trabajo de los currantes. Entre ocho y diez.

Entrada a la galería dos Alargamentos Tresminas
Entrada a la galería dos Alargamentos

Esos pedazos de roca se llevaban hasta el valle para, mediante molinos, triturarlos e ir extrayendo el oro. Esa es la peculiaridad de Tresminas. Que el preciado metal no salía directamente en pepitas como en Las Médulas. Había que machacar la roca y posteriormente batear la “papilla” resultante para lograr conseguirlo.

Represetanción del pesaje del oro que se extraía en Tresminas
Represetanción del pesaje del oro que se extraía en Tresminas

Ese oro se transportaba a Astorga, centro de operaciones de la zona desde donde salía a Roma para acuñar monedas.

Recorrido por Tresminas. Centro de interpretación, senderos y galerías

La visita a Tresminas se realiza guiada con profesionales conocedores de este extraordinario lugar. Uno de ellos es Patricia, que fue la encargada de guiarnos durante nuestro recorrido por las minas. Como ocurre en Las Médulas, es imprescindible hacer primero una parada en el centro de interpretación. En este caso cumple su función de manera extraordinaria. Sin pasar por sus estancias es imposible comprender lo que se hacía en Tresminas. Además de observar maquetas e imágenes de la zona y conocer cómo se extraía el oro, se pueden encontrar algunos vestigios de la época en forma de estelas funerarias originales y réplicas de las monedas que se acuñaban en el Imperio con el oro que se sacaba de este lugar.

Centro de interpretación de Tresminas
Centro de interpretación de Tresminas

Estelas funerarias romanas en el centro de interpretación de Tresminas
Estelas funerarias romanas en el centro de interpretación de Tresminas

Después de empaparse con la información necesaria para interpretar lo que se va a ver, es el momento de lanzarse el campo. Al territorio en el que durante 250 años se extrajo oro sin descanso. Sin pausa. Para conocer Tresminas hay tres senderos o trilhos, como se denominan en portugués. El del los Miradores tiene una extensión de un kilómetro y un grado de dificultad fácil. Como su propio nombre indica permite acceder a las atalayas desde donde se observa el impresionante trabajo que hicieron los romanos en Tresminas. Los cortes literales que hicieron en la montaña para extraer el oro a cielo abierto y mediante galerías. Concretamente se ve la conocida como Cova da Ribeirinha. Este sendero se puede hacer por libre sin la necesidad de estar acompañado por un guía.

Mirador de la Corta da Ribeirinha Tresminas
Mirador de la Corta da Ribeirinha

El trilho da Corta da Ribeirinha tiene 1,5 kilómetros de longitud y de dificultad moderada. En este caso se hace acompañado por un guía. Durante su recorrido se pueden contemplar los dos tipos de explotación minera que se hicieron en Tresminas. Por un lado, las excavaciones a cielo abierto y por otro, las galerías. El visitante se puede adentrar además en una de estas últimas, la conocida como galería dos Alargamentos. Su nombre se debe a que, en algunos puntos, el túnel se ensancha. Algunas teorías dicen que era para que los carros de bueyes pudieran dar la vuelta, pero otras voces aseguran que fueron pequeñas prospecciones para determinar si hacían galerías perpendiculares a la principal. Con su correspondiente casco, nos adentramos con linternas en la fresca oscuridad de la galería. Comprobamos las huellas de los picos romanos para abrirla. El afloramiento del cuarzo. Las marcas de las ruedas de los carros. Los huecos dejados para los lucernarios. Y también la fauna que habitan estas cavidades. Murciélagos, la mayoría de la especie herradura que conviven con los visitantes que se adentran con sigilo en este mundo paralelo bajo la montaña.

Galería dos Alargamentos de Tresminas
Galería dos Alargamentos de Tresminas

Murciélagos en una de las galerías de Tresminas
Murciélagos en una de las galerías de Tresminas. Foto: Tresminas

El último sendero es el de la galería do Pilar, de 1,7 kilómetros y un grado de dificultad alto. En él también se puede visitar la galería de este nombre y es necesario realizarlo con guía. Requiere una elevada preparación física para acometerlo.

Toda la visita se puede prolongar durante unas tres horas. Se cocina a fuego lento para disfrutar de la experiencia. No es ir a un lugar sin más y marcharse. Es vivirlo y conocerlo. Volver sabiendo algo nuevo sobre el apasionante Imperio Romano. Disfrutar de la naturaleza y hacerlo en una zona que está luchando por figurar en el mapa y encandilar al turista.

Comer en Tresminas como en casa

Tresminas, además de las minas de oro, es el nombre de la pequeña población donde se ubican y en la que se encuentra el centro de interpretación. Una pequeña iglesia y unas cuantas casas encaladas e impolutas reciben al visitante. Y también un pequeño restaurante muy diferente a lo que estamos acostumbrados. No hace falta irse a comer a ningún otro lado. Para reponer fuerzas antes, durante o después de la visita a Tresminas hay que quedarse en Tresminas.

Restaurante Casa Chico
Restaurante Casa Chico

Carne guisada de Casa Chico Tresminas
Carne guisada de Casa Chico

Bacalao al horno del restaurante Casa Chico Tresminas
Bacalao al horno del restaurante Casa Chico

El lugar del que hablamos es el restaurante Casa Chico. Es un establecimiento que más bien parece una casa. De hecho lo es. Forma parte de la Red de Tabernas del Alto Támega que promueven un tipo de restauración muy peculiar. Se trata de casas privadas que abren sus cocinas para que los visitantes puedan degustar platos de la cocina regional. Son los propios lugareños los que, mandil al cuerpo, se ponen delante de los fogones y te “invitan” a comer a su propia casa. Nosotros degustamos un bacalao al horno desmigado y con patata, bechamel y pimiento. Una receta que nos recordó al bacalao con nata, pero con un toque diferente y con la patata, en lugar de estar cortada a cuadraditos, en rodajas. También nos sirvieron una carne de vacuno guisada con champiñones y un bollo regional “preñado” con lonchas de beicon. Un menú contundente y muy sabroso para poner el colofón a la visita a un lugar que aspira a convertirse en patrimonio mundial de la Unesco.

Pablo Montes y Estefanía Casillas
Periodista e Ingeniera Agrícola. Viajeros

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Comentarios

2 COMENTARIOS

    • Gracias Francisco por tus palabras. Como bien dices los accesos son todavía un poco deficientes. Hasta Vila Pouca de Aguiar hay autovía, pero para llegar hasta Tresminas hay que transitar por unas carreteras muy estrechas que, aunque tienen buen firme, se hace un poco pesado. Esperemos que el panorama mejore con el tiempo ya que es un proyecto que tiene solo un año de vida. Un saludo.

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