Ruta por la Alfama de Lisboa, la juventud de lo viejo

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Una luz tenue ilumina con sigilo las calles empedradas. La ropa sigue ahí. Tendida en las cuerdas que cuelgan como funambulistas de las desvencijadas ventanas. Pero esa luz, silenciosa y tímida, no es capaz de mostrar una retahíla de prendas impolutas. Camisetas, pantalones, sábanas, ropa interior… Ya no son los atavíos de los pescadores cuando eran los hombres del mar los que poblaban el barrio. Nostalgia del pasado. Un gato maúlla al ritmo de las estrellas, mientras un rácano río de agua se desliza por una empinada calle. Pero unas notas musicales eclipsan todo. El sonido de una guitarra portuguesa se engarza como un puzle con una voz de mujer. La música casi siempre es arte, pero cuando hablamos del fado, la palabra arte es insuficiente. Estamos en la Alfama. Estamos en Lisboa.

Ropa tendida en una de las calles de la Alfama
Ropa tendida en una de las calles de la Alfama

Ruta por la Alfama a pie, desde la praça do Comercio al miradouro de Nossa Senhora do Monte

Una pequeña ruta por la Alfama a pie es suficiente para comprobar que el tiempo se ha detenido. Todo evocará al pasado como dijo certeramente Pessoa en su “Lisboa. Lo que el turista debe de ver”. Y a renglón seguido enumeraba todo aquello que nos traslada a tiempos pretéritos: “La arquitectura, el tipo de calles, los arcos y las escalinatas, los balcones de madera, las costumbres de la gente, que lleva una vida llena de ruidos, conversaciones, cantos, pobreza y suciedad”. El genio de las letras escribió estas palabras en 1925, pero podrían firmarse en 2018. ¡Qué bueno que algunas cosas no cambien!

Tranvía de Graça ruta por la Alfama
Tranvía de Graça

Desde la praça do Comercio hasta el miradouro de Nossa Senhora do Monte se extiende un barrio irreal y que miente. Miente al verlo en un mapa de Google o en un simple plano. Parece una pequeñez sin importancia, pero cuando te sumerges en él se convierte en un laberinto que te atrapa. Entiendo a Jorge Moreta cuando en su magistral texto “Lisboa, directa al corazón” escribe: “Cada vez me cuesta más caminar por este barrio porque, a cada nueva visita, me duele más abandonar sus calles empinadas y de arrabal. La ropa, tendida sobre las fachadas, es parte de la arquitectura ciudadana y, cuando cae la tarde, se proyecta como un inmenso teatro de sombras chinescas”.

Una de las calles del barrio del Castillo en la Alfama
Una de las calles del barrio del Castillo en la Alfama

Porque si de día es luminosa y presume de miradores que no pierden de vista los últimos soplos de vida del Tajo antes de morir en el Atlántico, al atardecer y de noche es un auténtico espectáculo. Algunos pueden sentir miedo o respeto al caminar por callejuelas destartaladas entre la penumbra, pero en la Alfama el miedo se transforma en magia. Así lo vivimos nosotros cuando fuimos en busca de un restaurante para cenar escuchando fado. Boteco da Fa se llama (en el post dedicado a comer en Lisboa relatamos nuestra experiencia). Apasionante fue disfrutar de un exquisito bacalao a brás deleitándonos con la ‘saudade’ que desprende esta música. Pero también lo fue callejear por la Alfama a medianoche. Fascinante. Eso sí, de día ya habíamos hecho parada en todas sus joyas. Miradores, iglesias, casas con encanto y el simple hecho de disfrutar con la decadencia. El arte de lo vetusto o la juventud de lo viejo. Larga vida a la Alfama.

Praça do Comercio, una ventana al Tajo

Desde los 10 metros sobre el nivel del mar de la plaza del Comercio (praça do Comercio) a los 160 del mirador de Nossa Senhora do Monte. Una escalada urbana para descubrir el antiguo fortín de los pescadores lisboetas. Un paseo por la Alfama que bien podría ser una ruta de senderismo entre adoquines. Eso sí, la recompensa final son las mejores vistas de toda la ciudad desde su atalaya más elevada. Todo con permiso del auténtico bastión protector de la Alfama, el castelo de Sao Jorge. Pero vayamos por partes.

Arrancamos en la praça do Comercio, un de las ágoras más bellas de toda Europa. Fue la heredera del palacio real que acabó hecho añicos por el terremoto de 1755. Hoy es un buen termómetro de la vida lisboeta, especialmente en días soleados que invitan a pasear y relajarse  mirando por su ventana. Porque la praça do Comercio tiene un inmenso ventanal que mira al Tajo. Ahí radica parte de su belleza. Es un “cuadrilátero” de tres lados. No era necesario tapar el espectáculo del estuario que forma el río que nace en la Sierra de Albarracín. Y enfrente, Cacilhas, un lugar muy especial desde el que disfrutar de las mejores panorámicas de la capital lusa.

Praça do Comercio ruta por la Alfama
Praça do Comercio

Arco Triunfal de la Rua Augusta en la Plaza del Comercio de Lisboa plazas más bonitas de Europa
Arco Triunfal de la Rua Augusta en la Plaza del Comercio de Lisboa

Iglesias de Nossa Senhora da Conceição Velha y Santo Antonio

Nos ponemos místicos de camino a la auténtica Alfama. La de las callejuelas, la ropa tendida y la decadencia. Tres templos católicos merecen una parada. Primero la igreja de Nossa Senhora da Conceição Velha. Boquiabiertos nos dejará su fachada manuelina. A pesar de estar localizada en el límite entre la Baixa y la Alfama, la portada resistió el envite del destructor terremoto. No hay que olvidar que el seísmo destruyó por completo la Baixa lisboeta. Unas calles por detrás, y comenzando poco a poco la “ascensión a los cielos”, encontramos la igreja de Santo Antonio. Un lugar con mucho simbolismo, ya que allí nació san Antonio de Padua, el santo más popular del país luso. Otra vez más el maldito terremoto hizo de las suyas y aniquiló la que fue su casa natal, hoy convertida en iglesia de culto.

Igreja de Nossa Senhora da Conceição Velha ruta por la Alfama
Igreja de Nossa Senhora da Conceição Velha

Igreja de Santo Antonio ruta por la Alfama
Igreja de Santo Antonio

Sé de Lisboa

Y completamos la terna de edificios religiosos con la catedral lisboeta, la Sé de Lisboa. Con la sobriedad que imponía el gótico, pero con un magnetismo indudable. Su entrada es gratuita, pero si queremos ver el tesoro y el claustro el precio es de 2,5 euros cada uno. Atención a la cuesta que nos espera en el largo da Sé, la calle que lleva hasta ella. Un buen anticipo de lo que nos aguarda en esta ruta por la Alfama.

Sé de Lisboa ruta por la Alfama
Sé de Lisboa

Piedad en la Sé de Lisboa ruta por la Alfama
Piedad en la Sé de Lisboa

Casa dos Bicos

Toca descender de nuevo al nivel del Tajo para disfrutar de dos ejemplos de magnificencia y lujo en el barrio de la humildad. Curioso contraste. Uno de ellos es la Casa dos Bicos, un palacete que acoge desde 2012 la Fundación José Saramago. El nombre de los Bicos le viene por las piedras talladas en forma de diamante que hay en su fachada. La entrada tiene un precio de 3€ y permite hacer un viaje por la vida y obra del Nobel portugués.

Casa dos Bicos ruta por la Alfama
Casa dos Bicos

Chafariz D’El Rei

Y a pocos metros de la Casa dos Bicos, el Chafariz D’El Rei, la primera gran fuente que tuvo Lisboa. Surtía a la población de las buenas aguas subterráneas que se acumulaban en el subsuelo de la Alfama. Hoy se encuentra un tanto descuidada y en la parte superior se levanta un palacio convertido en alojamiento de lujo.

Chafariz D’El Rei ruta por la Alfama
Chafariz D’El Rei

Museu do Fado

Antes de abandonar las inmediaciones de la orilla del Tajo, una última visita. Rodeado de los vetustos edificios que dieron cobijo a la aduana y la administración portuaria, se levanta, como no podía ser de otra manera en la Alfama, el Museu do Fado. Su entrada es de 5€ y los amantes de esta música, o los que quieran acercarse a ella, pueden conocer su historia. De esta forma, las ansias de escuchar una actuación en directo en uno de los bares del barrio serán aún mayores.

Museu do Fado ruta por la Alfama
Museu do Fado

Mirador de Santa Luzia

A partir de ahora la vista del Tajo nos acompañará, pero cada vez más lejana. Iremos tomando altura para adentrarnos en esas callejuelas que distinguen al barrio de la Alfama. Para deleitarnos con las primeras panorámicas, tenemos el miradouro de Santa Luzia (podéis conocer todas las atalayas de la ciudad en el post dedicado a los miradores de Lisboa). Un pequeño espacio muy frecuentado por los visitantes que cuenta con un reducido estanque para refrescar los pies en los días de calor.

La Alfama desde el Mirador de Santa Luzia miradores de Lisboa
La Alfama desde el Mirador de Santa Luzia

Castelo de Sao Jorge

Otro mirador, el de Portas do Sol, nos brindará unas panorámicas muy similares al de Santa Luzia, pero podremos parar de camino al protector de la Alfama, su castelo de Sao Jorge (castillo de San Jorge). Es un placer deslizarse por las minúsculas rúas que lo rodean. Una vez en la fortaleza (8,5 euros) es inevitable recordar al héroe Martim Moniz. Aquel que en el siglo XII, durante el asedio a Lisboa, se abalanzó contra la puerta del castillo en un momento de descuido de los musulmanes que la dejaron entreabierta. Por supuesto su muerte fue instantánea, pero eso permitió que sus compañeros pudieran acceder al bastión y conquistarlo. Esa es la definición de la palabra héroe y lo demás son tonterías. Un valiente así merecería mil homenajes, pero tan solo se bautizó con su nombre la famosa puerta en la que encontró o buscó la muerte. Por cierto, desde el interior del castelo de Sao Jorge gozamos también de unas panorámicas de postal que nos empujan a enamorarnos aún más de Lisboa.

Castelo Sao Jorge ruta por la Alfama
Castelo Sao Jorge

Pavo real en el castelo de Sao Jorge ruta por la Alfama
Pavo real en el castelo de Sao Jorge

Cañón del Castillo de San Jorge miradores de Lisboa
Cañón del Castillo de San Jorge y vistas de Lisboa

Mosteiro de Sao Vicente de Fora y Panteão Nacional

Después de hacer parada en el castillo tocará desviarse ligeramente del itinerario que nos conducirá a la “cumbre” de esta ruta por la Alfama. Esta variante merecerá la pena. El objetivo es contemplar primero el mosteiro de Sao Vicente de Fora, en honor al patrón de Lisboa y que alberga un museo. Justo al lado de levanta el Panteão Nacional. Lo reconoceremos por su cúpula de un color blanco inmaculado. Fue una iglesia y actualmente alberga las tumbas de grandes personalidades del país luso como varios presidentes de la República, la fadista Amalia Rodrigues y el futbolista Eusébio, entre otros.

Mosteiro de Sao Vicente de Fora ruta por la Alfama
Mosteiro de Sao Vicente de Fora

Panteão Nacional ruta por la Alfama
Panteão Nacional

Mirador de Graça

Aunque el cansancio empiece a pasar factura, la Alfama merece un último esfuerzo. El reto es alcanzar los dos últimos miradores. La recompensa, unas vistas excepcionales y una tranquilidad y sosiego reconfortantes. La clave es que muchos visitantes se quedan en miradores como el de Santa Luzia y Portas do Sol y declinan hacer más esfuerzo. La primera de las atalayas que nos espera es la de Graça. Este es su nombre popular, ya que el oficial es el de la poetisa lusa Sophia de Mello Breyner. Su particularidad es que ofrece unas bonitas panorámicas del castelo de Sao Jorge y sus murallas, al encontrarse por encima de él.

Vistas desde el Mirador de Gracia miradores de Lisboa
Vistas desde el Mirador de Gracia

Mirador de Nossa Senhora do Monte

Y llegamos al final de esta ruta por la Alfama a pie. Habrá que sacar fuerzas de flaqueza para coronar el barrio de los pescadores lisboeta. Si lo logramos, estaremos en el miradouro de Nossa Senhora do Monte. Un remanso de paz en el que tendremos Lisboa a nuestros pies. Es normal que el día que los visitamos nos encontráramos con un joven al borde del abismo meditando. Si hay un lugar idóneo para hacerlo en la capital lusa, ese es el miradouro de Nossa Senhora do Monte. Recibe su nombre de la Virgen que encuentra cobijo en una pequeña ermita que se puede visitar. No puede ser más espiritual.

Miradouro de Nossa Senhora do Monte ruta por la Alfama
Miradouro de Nossa Senhora do Monte

Un hombre meditando ante la panorámica que ofrece el Mirador da Senhora do Monte miradores de Lisboa
Un hombre meditando ante la panorámica que ofrece el Mirador da Senhora do Monte

Así pusimos el colofón a este itinerario por la Alfama. O, mejor dicho, fue el aperitivo antes de que cayera la noche y regresáramos al barrio tras una breve parada en el hotel para escuchar fado y ver su cara noctámbula. El rostro más auténtico de una Lisboa vetustamente joven.

Pablo Montes y Estefanía Casillas
Periodista e Ingeniera Agrícola. Viajeros

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