14 lugares que ver en Ibiza en una semana

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La isla de la fiesta, el glamur, los yates de lujo y los desfases conserva todavía algunas píldoras del magnetismo que la empezó a hacer popular en los años 60 y 70 del siglo pasado. Si además se visita fuera de la temporada alta, es posible incluso recorrer en solitario algunos de sus rincones más vírgenes y auténticos. Ese fue el objetivo de nuestro viaje a Ibiza en una semana donde disfrutamos de una isla más natural y desconocida. Hacemos un repaso de los 14 lugares que más nos atrajeron. Calas secretas, joyas patrimoniales y miradores donde vivir atardeceres para el recuerdo. Y todo con los mejores consejos sobre dónde alojarse, alquilar coche, cómo llegar a la isla y los restaurantes para degustar la rica cocina ibicenca. ¿Nos acompañas?


Tenemos que reconocer que nunca ha estado entre nuestras prioridades viajeras. Por desgracia Ibiza está tan ligada a un tipo de turismo que resulta muy complicado que sea del agrado de los que buscamos naturaleza, rincones salvajes y mucha autenticidad. Sin embargo, la situación creada por la pandemia del coronavirus cambió nuestra perspectiva. Con las discotecas cerradas, sin viajeros buscando fiesta y desfase y en pleno mes de septiembre, era una oportunidad única para lanzarse a recorrer la otra Ibiza. La de sus calas más secretas. La de su rico y a veces olvidando patrimonio. La de su cocina más tradicional. La de sus puestas de sol sin masificaciones. Aunque en las calas más populares la afluencia de bañistas seguía siendo elevada, nos dimos cuenta de que profundizando un poco más existen auténticas joyas que pasan desapercibidas para el turista de consumo fácil. Por eso hemos querido hacer esta guía con 14 lugares que ver en Ibiza en una semana para no fiesteros.

Vista de cala Portitxol desde el camino de bajada
Vista de cala Portitxol desde el camino de bajada

Cómo llegar a Ibiza y preparar el viaje

Avión. La numerosa oferta de vuelos entre la península e Ibiza hace que el avión sea la forma más barata y cómoda de viajar a la isla pitiusa. Aerolíneas como Ryanair, Vueling, Iberia y Air Europa cuentan con varias conexiones diarias desde Madrid y Barcelona. Para este viaje a Ibiza en una semana hicimos la ida con Vueling y la vuelta con Ryanair (150 euros por persona desde Madrid). En otra ocasión ya habíamos volado a Ibiza, pero fue para viajar posteriormente a Formentera. Fue en agosto y el precio por persona ida y vuelta con Ryanair fue de 178 euros. El vuelo entre Madrid e Ibiza tiene una duración de unos 50 minutos.

Barco. Otra opción para viajar a Ibiza que resulta muy interesante si queremos llevar nuestro propio coche es el barco. Existen rutas estables que comunican Valencia, Denia, Gandía y Barcelona con la isla balear. Las compañías que fletan estos ferris son Balearía y Transmediterránea. El tiempo del trayecto va desde las 8 horas del barco que sale de Barcelona, pasando por las 4 horas y media del que parte de Valencia y las dos horas desde Denia y Gandía.

Alquilar coche en Ibiza con Autos Marí

Es imposible recorrer todo lo que ver en Ibiza sin ayuda de un coche. Es el aliado perfecto para alcanzar los puntos más recónditos de la isla y disfrutarla con mayor intensidad. Aunque muchos se decantan por una moto, nosotros recomendamos fervientemente apostar por un coche. Las distancias, sin ser demasiado elevadas, se prestan más a salvarlas sobre cuatro ruedas. Nuestra única experiencia en moto fue precisamente en la isla vecina de Formentera, donde por su reducido tamaño sí es más cómodo optar por este tipo de vehículo.

Nuestro coche de alquiler en Ibiza de Autos Marí
Nuestro coche de alquiler en Ibiza de Autos Marí

En nuestros últimos viajes insulares nos hemos decantado por empresas locales de alquiler de vehículos. Así lo hicimos en Azores y La Palma y lo volvimos a repetir en Ibiza. En esta ocasión alquilamos un vehículo con Autos Marí, una compañía ibicenca creada en 1971 y con la que tuvimos una experiencia formidable. Su trato fue cercano y agradable y cuentan con personal en el aeropuerto para hacer la entrega del vehículo allí mismo o en otros puntos de la isla. Nosotros alquilamos un Peugeot 2008, un SUV que nos permitió adentrarnos por terrenos más complicados en busca de calas más recónditas. Un vehículo totalmente nuevo que apenas contaba con 2000 kilómetros y que contratamos con seguro a todo riesgo para una mayor tranquilidad. Los precios de Autos Marí son muy ajustados teniendo en cuenta la demanda de la isla.

Con nuestro coche al pie de la cala del Port de Ses Caletes
Con nuestro coche al pie de la cala del Port de Ses Caletes

¿Es complicado conducir en Ibiza? En temporada alta con la isla a rebosar nos imaginamos que será un poco más tedioso, pero nuestra experiencia fue extraordinaria. Cierto es que solo hay 12 kilómetros de autovía, los de la E-20 que unen la ciudad de Ibiza con el aeropuerto. Es el único lugar donde se pueden superar los 90 kilómetros por hora. El resto son carreteras con más o menos anchura, buen firme en la mayoría de los casos y bastantes radares fijos controlando la velocidad. Es una isla para disfrutar con la conducción, sin perder de vista la prudencia y la responsabilidad.

Hoteles en Ibiza

El turista que habitualmente acude a Ibiza busca grandes hoteles situados junto al mar y con los servicios propios de un resort  con ‘todo incluido’. Este tipo de alojamientos han proliferado al mismo tiempo que desvirtuaban el paisaje de calas idílicas especialmente de la costa oeste de la isla. En este enlace podéis encontrar las ofertas que ofrecen algunos de esos hoteles, pero a nosotros nos gusta otro concepto totalmente diferente.

Nuestra habitación del hostal Manolita
Nuestra habitación del hostal Manolita

Cuando se viaja a Ibiza en una semana con el objetivo de recorrer cada uno de sus rincones y estar todo el día de allá para acá, el hotel pasa a un segundo o tercer plano. Es una mera base de operaciones para dormir, ducharse y desayunar. Por eso nos decantamos por una opción más económica, sencilla, pero muy atractiva. Se trata del hostal Manolita, enclavado en la ciudad de Sant Antoni. La relación calidad-precio es extraordinaria. Sus habitaciones están reformadas, el desayuno se fundamenta en productos frescos y de la zona y el trato de su propietaria, Manuela, es de diez. La única pega es que por la zona es complicado aparcar especialmente por la noche, pero siempre se acaba encontrando sitio aunque para ello haya que caminar un poco más.

Los 14 lugares imprescindibles que ver en Ibiza en una semana

Siempre van a quedar cosas en el tintero, pero siete días son perfectos para recorrer la isla de Ibiza y llevarse una radiografía muy certera de sus calas, playas, espacios naturales y patrimonio. Si el objetivo del viaje es el mismo que el nuestro, un consejo que os damos es madrugar. Es la forma de disfrutar de unas horas de soledad en algunos de sus rincones más populares. En esta lista repasamos algunos de ellos, pero también otros más desconocidos que a buen seguro os sorprenderán.

Es Portitxol, una cala virgen para practicar esnórquel

De todas las calas vírgenes y escondidas que ver en Ibiza en una semana, la de Es Portixol fue la que más nos cautivó. En primer lugar porque obliga a caminar y eso siempre nos gusta. Media hora de paseo desde la Urbanización Isla Blanca (en el norte de la isla) por un sendero que nos regala unas panorámicas abrumadoras de los acantilados y del intenso azul del Mediterráneo. Un auténtico espectáculo entre un frondoso bosque de pino ibicenco que tiene como premios la bajada a una cala que, como su nombre indica, es un minúsculo puerto donde vemos las casetas de los pescadores tan típicas de la isla pitiusa.

Cala Es Portitxol
Cala Es Portitxol

Es quizás el mejor lugar que encontramos para practicar esnórquel gracias a la tranquilidad de sus aguas y a la presencia de cantos rodados que eliminan la posibilidad de que haya arena en suspensión. Un pequeño paraíso en el que durante toda la mañana estuvimos solo acompañados por otra pareja.

Punta Galera en cala Portinatx, un atardecer en silencio

Cuando hablamos de Punta Galera en Ibiza lo normal es pensar en la zona de acantilados agrestes que hay junto a cala Salada. Pero existe otra Punta Galera más desconocida y solitaria donde asistimos a un atardecer de película. Seguimos en el norte de Ibiza, concretamente en cala Portinatx. Un sendero que parte junto a la caseta del centro de submarinismo Subfari va ascendiendo hasta un saliente rocoso conocido como Punta Galera y donde además se encuentra la idílica playa de la Cueva de Portinatx.

Atardecer en Punta Galera
Atardecer en Punta Galera

Si nos acomodamos mirando al ocaso, viviremos una magnífica puesta de sol donde el gran disco dorado teñirá de colores imposibles el Mediterráneo a medida que desaparece entre sus aguas. El islote próximo y los barcos que fondean en la cala se sumarán al espectáculo dotando de mayor encanto cada imagen. Y lo mejor de todo es que estuvimos solos durante toda la función. No se puede pedir más.

Playas de Comte (cala Conta), la viva imagen del paraíso ibicenco

Si vemos una imagen de una cala ibicenca de aguas totalmente transparentes, arena fina y un islote al fondo, probablemente esté tomada en las playas de Comte. Conocida popularmente como cala Conta, para muchos es la playa más bella que ver en Ibiza. No es una única cala, sino una concatenación de pequeños arenales de solo 600 metros de longitud y 30 metros de ancho. Un pequeño paraíso que, como es lógico, tiene un gran pero: su alta ocupación.

Playas de Comte
Playas de Comte

Nosotros acudimos a primera hora de la mañana y al menos lo pudimos disfrutar casi en solitario durante un tiempo. Pero la tranquilidad duró poco y en cuestión de minutos la blanca arena se ocultó bajo las sombrillas, las toallas y los bañistas.  En definitiva, una cala idílica para fotografiar y bañarse a primera hora de la mañana con la vista de los islotes del Escull de Ses Punxes y des Bosc al fondo, pero huir en cuanto llegue la invasión.

Mirador de Es Vedrá, un lugar magnético para despedir al astro rey

Es el mirador por excelencia para vivir la puesta de sol en Ibiza. Un lugar mágico. De hecho cuentan los ibicencos que tiene un magnetismo especial que te atrapa. Una sensación que obviamente se acrecienta si no hay una multitud de personas a tu alrededor como suele ocurrir en temporada alta. Una vez más fuimos unos afortunados y asistimos a la hora mágica sin ningún atisbo de masificación.

Es Vedrá desde la bajada a Cap Llentrisca
Es Vedrá desde la bajada a Cap Llentrisca

No se puede hablar de un único mirador de Es Vedrá, sino de varios. De norte a sur, el primero que nos encontramos es la propia arena de cala d’Hort de la que hablaremos en el siguiente punto. Un poco más al sur y al pie de la carretera PMV-803-1 se ubica una atalaya muy accesible que detectaremos por la gran cantidad de vehículos que hay aparcados en los arcenes. Su ventaja es que apenas hay que caminar 50 metros para llegar hasta ella.

Mirador de Es Vedrá
Mirador de Es Vedrá

Siguiendo por esa misma carretera en dirección sur veremos dos aparcamientos de tierra señalizados. Desde allí parten unas pistas en buen estado que conducen a los que son, a nuestro juicio, los mejores miradores de Es Vedrá. Eso sí, tocará caminar algo más de un kilómetro por lo que se recomienda llevar calzado cómodo. Nada de chanclas como vimos en más de un osado. En primer lugar, tenemos un mirador que se asoma como un balcón al Mediterráneo y que tiene la ventaja de estar situado justo delante del islote. Otra opción es ascender con precaución por un pequeño sendero hasta la torre des Savinar, el punto más alto de esta zona y donde la belleza de la vista se multiplica. Desde este punto están tomadas gran parte de las mejores instantáneas de los atardeceres de Es Vedrá, donde además se fusionan la silueta de la isla y la propia torre.  Se trata de una construcción del siglo XVIII que se levantó para que funcionara como torre de artillería, pero jamás desde allí de disparó ni un solo cañonazo y tan solo sirvió como punto de vigilancia.

Atardecer en el mirador de Es Vedrá
Atardecer en el mirador de Es Vedrá

Y nos queda hablar del protagonista de todas las imágenes de esta puesta de sol cautivadora. El islote de Es Vedrá es casi una pirámide natural en mitad del Mediterráneo. Una mole rocosa de 382 metros a la que se le atribuye una energía especial con propiedades mágicas. Por eso es escenario de numerosos mitos y leyendas. Pero su verdadero valor es ecológico, ya que forma parte de una reserva natural donde están presentes numerosos endemismos.

Cala d’Hort y sus vistas de excepción

Cala d’Hort es otro de esos lugares inmensamente populares, pero por los que merece la pena pasar aunque sea unas horas para captar algunas instantáneas maravillosas. Nosotros lo hicimos después de una fuerte tormenta, lo que dejó un cielo casi irreal y la arena de la playa prácticamente vacía. Ideal para darnos un pequeño chapuzón en sus aguas cristalinas junto a sus desvencijadas casetas de pescadores mientras disfrutábamos de las vistas del islote de Es Vedrá. Porque como mencionábamos anteriormente, cala D’Hort es el mejor mirador a pie de playa de esta isla.

Cala d’Hort
Cala d’Hort

La cala cuenta con varios restaurantes, pero afortunadamente conserva tintes virginales al no estar rodeada de edificios de apartamentos ni de hoteles. Posee un minúsculo aparcamiento, por lo que normalmente no queda más remedio que estacionar a un lado de la carretera que baja hasta la cala.

Cala Salada, la primera playa conectada

El carácter ‘semivirginal’ del que hablábamos en cala d’Hort se mantiene también en cala Salada, donde el restaurante del mismo nombre es la única construcción que se yergue en un paisaje bucólico. Los acantilados rojizos horadados por el agua y el viento que surgen poderosos cuando acaba el bosque de pinos forman una ensenada y protegen tres pequeñas playas de aguas cristalinas y calmadas. La primera es cala Salada, de cantos rodados y la más próxima al restaurante y al aparcamiento. Si avanzamos con precaución entre las rocas, llegaremos a un minúsculo arenal junto a las casetas de los pescadores. Fue el lugar que elegimos y en el que estuvimos solos a primera hora de la mañana. Y un poquito más adelante se encuentra cala Saladeta, de arena fina y también con mucho encanto.

Cala Salada y Saladeta
Cala Salada y Saladeta

Cala Salada tiene el honor de ser la primera playa “conectada” de Ibiza. ¿Esto qué significa? Que tiene restringido el acceso a los coches para fomentar que los bañistas acudan en transporte público desde Sant Antoni. Por este motivo, la carretera que llega hasta el aparcamiento se cierra entre las 10 y las 18 horas del 1 de junio al 30 de septiembre.

Las puertas del cielo, una de los mejores miradores de Ibiza

Un buen plan que hacer en Ibiza es madrugar para pasar la primera parte de la mañana en cala Salada y marcharse después al mirador Las puertas del cielo para gozar de sus vistas con un apetitoso pícnic. Así lo hicimos uno de los días de nuestro viaje a Ibiza en una semana. Y lo mejor es que, una vez más, estuvimos solos. Cierto es que este mirador congrega a la mayoría de sus visitantes al atardecer, pero no cabe duda de que su encanto es incuestionable en cualquier momento del día.

Mirador Las Puertas del Cielo
Mirador Las Puertas del Cielo

Al mirador de Las Puertas del Cielo se llega por una estrecha carretera que conduce al restaurante del mismo nombre. Allí dejaremos el coche para comenzar a caminar por un sendero que se adentra en un bosque de pinos y pasa junto a los restos de una casa payesa de origen musulmán del siglo XII. Pronto tendremos la primera vista de los acantilados y del Mediterráneo, pero hay que avanzar hasta el final del camino que llega a un saliente rocoso desde nos sentiremos unos auténticos privilegiados. La escarpada costa del norte de Ibiza se abre a nuestros pies con la vista al fondo de los fotogénicos islotes de Ses Margalides.

Este mirador se convirtió en los años 60 y 70 en el preferido por la comunidad hippie de la isla para vivir los atardeceres. En aquel momento mudó su nombre y de Sa Penya Esbarrada comenzó a denominarse Ses portes do cel (Las puertas del cielo).

Ibiza, ciudad Patrimonio de la Humanidad

Una de las grandezas de Ibiza es que detrás de la fiesta, las calas idílicas y los atardeceres de película, hay un valioso patrimonio que muchas veces queda en un segundo plano. Sería casi un sacrilegio viajar una semana a Ibiza y no dedicarle unas horas a recorrer su capital. Concretamente el recinto amurallado de la Dalt Vila, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999.

Baluarte de Santa Lucía en la Dalt Vila
Baluarte de Santa Lucía en la Dalt Vila

Su emplazamiento estratégico en el Mediterráneo convirtió a Ibiza en una isla codiciada a lo largo de los siglos. Los primeros pobladores fueron los fenicios allá por el siglo VII a.C.  Después fue una ciudad púnica y romana. Los musulmanes fundaron allí Madina Yabisa y en el siglo XIII la conquistaron los catalanes para incorporarla a la Corona de Aragón. En lo siglos posteriores la ciudad se fortificó con murallas y baluartes que la convirtieron en un bastión casi inexpugnable que frenó los constantes ataques de los insistentes turcos y los piratas.

Una callejuela de la Dalt Vila
Una callejuela de la Dalt Vila

El recorrido por la Dalt Villa tiene que empezar por sus murallas y sus imponentes baluartes entre los que destaca por encima de todos el de Santa Lucía, desde el que se controlaba la entrada de buques al puerto ibicenco. El castillo de Ibiza, actualmente en obras para convertirlo en un Parador de Turismo, la sobria Catedral de Santa María, museos como el centro de interpretación Madina Yabisa y el dédalo de callejuelas y escalinatas donde se entremezclan las casas enjalbegadas y los colores ocre y las flores, completan un intenso recorrido por este sublime casco histórico.

Es Bol Nou y Sa Caleta, las playas ‘marcianas’ de Ibiza

El paisaje arcilloso y rojizo que vemos en rincones como cala Salada se acrecienta en las playas de Es Bol Nou y Sa Caleta. Los acantilados se han quebrado literalmente formando unos pequeños arenales que dan acceso a unas aguas tranquilas y cristalinas en las que hay que caminar bastante para lograr que nos cubran.

Playa de Es Bol Nou
Playa de Es Bol Nou

Nosotros nos quedamos en Es Bol Nou, ubicada junto al afamado restaurante Sa Caleta. Cuenta con un amplio aparcamiento y, aunque la playa es de cantos rodados, es muy agradable. Si caminamos unos metros en dirección este nos encontraremos con el asentamiento fenicio de Sa Caleta, declarado Patrimonio de la Humanidad e imprescindible para entender la historia de Ibiza. Data del siglo VIII a.C.

Esta zona acogió unas instalaciones militares declaradas Bien de Interés Cultural formadas por una serie de baterías. Uno de los lugares más curiosos de este recinto es el túnel abierto en la roca que se asoma al mar y a la playa Es Bol Nou. Una especie de ventana natural que se ha convertido en lugar de peregrinaje para ‘instagramers’ y que nos regala imágenes tan espectaculares como ésta.

Ventana de Es Bol Nou
Ventana de Es Bol Nou

Este paseo puede acabar en Sa Caleta, una pequeña cala rodeada de casetas de pescadores convertidas algunas de ellas en una especie de viviendas de fin de semana.

Puertas de Can Soleil, el sueño de Guy Laliberté

El fundador del Circo del Sol, Guy Laliberté, es uno de los personajes insignes que han caído rendidos a los encantos de Ibiza. En un terreno de su propiedad al oeste de la isla junto a la paradisiaca cala Llentia, ha realizado una acción artística muy curiosa que atrae a numerosos visitantes. Son las puertas de Can Soleil. El problema es que el vandalismo ha hecho de las suyas y de las puertas no queda ni rastro. Tan solo se mantienen en pie los marcos.

Antes de la acción de los salvajes de siempre, las puertas de Can Soleil eran unas obras de arte en madera labrada que se encontraban alineadas y, al abrirlas, permitían ver al fondo el islote de Es Vedrá. Una de ellas tenía grabada una gran mano de Fátima. Las puertas desaparecieron y solo quedan los bellos marcos y un suelo en forma de mosaico.

Puertas de Can Soleil
Puertas de Can Soleil

Muy cerca de las puertas se levantan trece monolitos de piedra basáltica, el más alto de nada más y nada menos que 20 metros de altura. Todos están dispuestos siguiendo un orden. Una actuación artística encargada por el propio Guy Laliberté al artista australiano Andrew Rogers. Aunque muchos creen que se trata de un reloj de sol, el propio Rogers en una información publicada por “El Mundo” afirma que el objetivo es “representar el movimiento de los planetas alrededor del sol alineando el conjunto con la puesta de sol del solsticio de invierno”.

Cala San Vicent, un viaje a la Ibiza más calmada

El último día de nuestro viaje a Ibiza en una semana lo dedicamos a explorar la punta noreste de la isla. Tal y como nos reconoció Manuela, la propietaria de nuestro alojamiento, es uno de los rincones más bellos y menos frecuentados.  La cala más popular de esta zona es la de Sant Vicent y está 45 minutos en coche de la ciudad de Ibiza y de Sant Antoni. Un tiempo ridículo para nosotros, pero que frena a otro tipo de viajeros que buscan conducir poco y disfrutar mucho.

Cala de San Vicent que ver en ibiza en una semana
Cala de San Vicent

Podríamos decir que San Vicent es la cala más auténtica entre las playas no vírgenes. Nos explicamos. A pesar de estar rodeada de un pequeño paseo marítimo con restaurantes, algún alojamiento y pequeños edificios de apartamentos, su ambiente nada tiene que ver con el de cala Tarida o playa d’en Bossa, por ejemplo. Su ambiente está más apaciguado. La masificación no existe y la tranquilidad no es una quimera. Además estamos ante un arenal muy amplio con aguas cristalinas  protegidas por una bahía rodeada de bosques de pinos. Un paisaje muy seductor. En cala San Vicent degustamos además un estupendo arroz del que más adelante hablaremos. Asimismo, desde el arenal gozamos de una bonita vista de la isla de Tagomago, una de las pocas privadas que quedan en España y que está a la venta por 150 millones de euros.

Ruta del faro de Punta Grossa. Porque en Ibiza también se puede hacer senderismo

En Ibiza pudimos matar el gusanillo del senderismo gracias a la pequeña ruta que nos llevó a la cala Es Portitxol, pero sobre todo con la que une la cala de San Vicent con el abandonado faro de Punta Grossa. Es un itinerario lineal de 5,2 kilómetros (ida y vuelta) que hace verdaderos equilibrismos en su tramo final para avanzar por un escarpado acantilado con vistas abrumadoras.

No es una ruta larga, pero sí requiere de cierta pericia. El sendero es muy estrecho por momentos y hace falta prestar atención y, sobre todo, portar un buen calzado. Quizás por ello no nos encontramos a nadie e incluso muchos ibicencos no tienen noticias de su existencia.

Faro de Punta Grossa
Faro de Punta Grossa

Teniendo en cuenta la dificultad para llegar al faro, entendemos la razón de que se abandonara. Nos contó Manuela, la propietaria del hostal Manolita, que a principios del siglo XX los niños de la parroquia de San Vicent acudían caminando cada día por este sendero para que el farero, que era el único que sabía leer y escribir en la zona, les diera clases de noche. Después de hacer la ruta emociona pensar que esos pequeños se jugaran literalmente la vida a diario para aprender. Otros se la juegan hoy y de hecho la pierden por lanzarse desde el balcón de un hotel a una piscina. ¡Menuda diferencia!

El faro de punta Grossa permanece abandonado desde que en 1916 el construido en la isla de Tagomago tomó su relevo. Desde entonces se ha ido deteriorando y por desgracia llegará un momento en el que desaparezca por completo si no se pone remedio.

Mercadillo de Las Dalias, uno de los últimos vestigios hippies de la isla

Es imposible hacer un recorrido por todo lo que ver en Ibiza en una semana y no parar en su archiconocido mercadillo de Las Dalias. Se podría decir que es uno de los últimos lugares donde sumergirse en la cultura hippie que tanto aportó a la isla. Por algo la localidad en la que se encuentra, San Carlos, fue conquistada por este movimiento en los años 60 del siglo pasado.

Las Dalias es un gran espacio abierto donde se encuentran numerosos puestos que venden todo tipo de productos, la mayor parte artesanales. Joyas, bisutería, jabones, ropa, comida… Es imposible no encontrar algo interesante para llevarse.

Mercado de Las Dalias
Mercado de Las Dalias

Aunque la entrada es gratuita, los aparcamientos habilitados que hay alrededor del mercadillo cobran una entrada de 3 euros. Los que no quieran pasar por caja pueden dejarlo en alguno de los caminos y entraderos (siempre que haya sitio) que salen de la carretera que une San Carlos con el mercadillo.

Aunque los puestos de Las Dalias se instalan varias veces por semana especialmente en verano, el mercadillo más popular e interesante es el que se celebra cada sábado entre las 10:00 y las 19:00 horas.

Puig de Missa, la iglesia fortaleza de Santa Eulalia

Un buen lugar para cerrar una jornada en Ibiza es acercarse hasta la blanca colina que se eleva junto a la ciudad de Santa Eulalia. Allí se encuentra la iglesia del Puig de Missa, un inmaculado templo fortaleza que se levantó para proteger la isla de los ataques marítimos. La iglesia data del siglo XVI, aunque sufrió una profunda renovación en el siglo XVIII. No hay que quedarse fuera, porque en su interior destaca un magnífico retablo barroco del siglo XVII obra de Farreras.

Puig de Missa
Puig de Missa

La iglesia del Puig de Missa está rodeada de un pequeño barrio de casas encaladas que otorgan un carácter casi bucólico a la zona. Un lugar para relajarse y desconectar al atardecer, ya que desde esta colina situada a 52 metros de altura sobre el nivel contemplamos una extraordinaria puesta de sol con la vista del río de Santa Eulalia, la ciudad, los pequeños campos de cultivo que hay a su alrededor y el inmenso Mediterráneo.

Dónde comer en Ibiza

El tópico nos dice que comer en Ibiza es caro y no siempre con la calidad deseable. La mente se marcha inmediatamente a esos chiringuitos playeros con vistas a las idílicas calas y vestidos blancos vaporosos que sirven pescados, arroces y mariscos a precios que solo se puede permitir la ‘jet set’. Pero guiarse por los tópicos siempre es un craso error. Ibiza ofrece un buen puñado de restaurantes en los que adentrarse en la gastronomía ibicenca sin que la cartera acabe ‘tiritando’

Aunque las recomendaciones para comer en Ibiza las desglosaremos en un post específico, mencionaremos algunas sugerencias que nos conquistaron. En la ciudad de Ibiza nos gustó el bar San Juan, un clásico que obliga a madrugar. Diez minutos antes de su apertura por la tarde ya había cola. Y cuando abrieron sus puertas, la fila se duplicó. No es para menos. A pesar de estar enclavado en un lugar privilegiado entre el puerto y la Dalt Vila, ofrece una cocina casera y de calidad a precios populares. Sepia a la plancha (8,50€), carne asada (6,50€), albóndigas a la jardinera (6,50€) , conejo a la cazadora (6,50€)… Con tres raciones para dos es suficiente. Calidad, cantidad y economía.

Bar San Juan
Bar San Juan

En Sant Antoni nos gustaron cuatro sitios muy diferentes entre sí. Rita’s Cantina es ideal para picotear junto al puerto a precios muy asequibles y en una terraza agradable. Ofrece desde unos deliciosos nuggets de pollo (4€), pasando por diferentes tipos de sándwiches (entre 3,25 y 5,75 €) hasta llegar a wrap mexicano (7,25€) y pitas y baguettes (nunca más de 5,25€).

Con un precio más elevado (unos 30 euros por persona), pero una buena opción para sumergirse en la gastronomía ibicenca tenemos Es Rebots de Can Prats. Un lugar muy auténtico con una cocina cuidada donde se pueden degustar gambas ibicencas al ajillo (16,50€), calamares frescos de la isla (17,50€) y sofrit pagés (17€), entre otros platos.

Cassola Es Rebost
Cassola Es Rebost

También más elegante, pero con un menú diario de 18 euros (bebidas aparte), es interesante es el restaurante Es Nàutic. Y nuestra última recomendación en Sant Antoni es el chiringuito Es Puetó junto a la playa es Pouet. No es un chiringuito sofisticado de los que todos nos imaginamos en Ibiza. Es de los de toda la vida. Pegado al mar y con unos atardeceres fantásticos. La carta, corta, de calidad y a precios asequibles. Recomendables las raciones de calamares, chipirones y pescadito frito.

Arroz negro de Can Gat
Arroz negro de Can Gat

Para esta última recomendación nos vamos a la cala de San Vicent, donde pasamos el último día de este viaje a Ibiza en una semana. No nos queríamos marchar de la isla sin proba un buen arroz y lo hicimos en Can Gat. Es un coqueto restaurante ubicado junto el paseo marítimo donde el precio medio son unos 35 euros por persona. Degustamos un delicioso arroz negro aunque también preparan paellas, arroz a banda, bullit de pescado y arroz, además de mariscadas, entre otras especialidades.

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Pablo Montes y Estefanía Casillas
Periodista e Ingeniera Agrícola. Viajeros

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