Las Nogaledas, las interminables cascadas del Jerte

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Ruta de las cascadas de Las Nogaledas (Navaconcejo. Cáceres). Dificultad: Fácil. Distancia: 6,7 kilómetros (ruta circular). Duración: 2 horas y 30 minutos aproximadamente

Agua, agua y más agua. Una cascada, y otra, y otra más. Así hasta siete. Estamos en Las Nogaledas (o Nogaleas como dicen los extremeños). Estamos en el Valle del Jerte. Porque además de sus mundialmente conocidos cerezos en flor, esta comarca del norte de Cáceres tiene muchos más alicientes. Uno de ellos son sus gargantas. Depresiones rocosas que se extienden desde las zonas más altas hasta el mismo valle. Autenticas autopistas del agua donde el líquido elemento ha ido modelando la roca cuan paciente escultor. Ese trabajo constante nos deja enclaves singulares como la Garganta de los Infiernos. Pero también cascadas de excepción como, por ejemplo, la del Caozo, la del Calderón y, por supuesto, Las Nogaledas. Su particularidad es que son siete caídas de agua concatenadas. Todas ellas se extienden a lo largo de una corta y señalizada ruta de senderismo por la ladera de la Sierra de la Cabrera que tiene dos caras. Una, las propias cascadas y otra, como no podía ser de otra manera, los campos de cerezos. Una perfecta radiografía del valle del Jerte. Un itinerario accesible y cómodo que se puede hacer con niños.

Estefanía, ante la quinta de las cascadas de Las Nogaledas
Estefanía, ante la quinta de las cascadas de Las Nogaledas

Navaconcejo, punto de partida para ascender a las siete cascadas de Las Nogaledas

Para disfrutar de la ruta que transita por la garganta de Las Nogaledas nos tenemos que desplazar hasta Navaconcejo. Al pie de la carretera que vertebra todo el valle y dividida en dos por el río Jerte, esta localidad es uno de los epicentros de la comarca. Desde allí parten otras rutas de senderismo, como la que asciende hasta Piornal y permite contemplar la cascada del Calderón y que realizamos hace algunos años. Queríamos volver y lo hicimos en mayo de 2018 tras una primavera con abundantes lluvias que auguraba un auténtico espectáculo en Las Nogaledas.

Río Jerte a su paso por Navaconcejo
Río Jerte a su paso por Navaconcejo
Señalización de la ruta por Las Nogaledas
Señalización de la ruta por Las Nogaledas

Podemos dejar el coche junto al llamado Puente Viejo construido para salvar el río Jerte y junto al crucero que preside la entrada al pueblo. Nada más cruzarlo, giraremos a la derecha y comenzaremos a ver la señalización. Como ocurre en todas las rutas del valle del Jerte, y del norte de Cáceres en general, las indicaciones son claras y concisas por lo que no llevan a ningún equívoco. Tras dejar las últimas casas del pueblo, giramos a la izquierda y comenzamos a ascender por un sendero que se adentra en la frondosa vegetación de la garganta de Las Nogaledas. Chopos, fresnos y alisos se abren paso para ‘jalonar’ un camino en el que tenemos banda sonora incluida. “Resonantes arpas”, como describió el periodista vasco Nicanor Zuricalday cuando visitó la zona a finales del siglo XIX. El sonido del agua, que en ocasiones se convierte en ensordecedor, nos acompañará durante toda la ascensión. Porque aunque la ruta es sencilla, la subida es constante.

Abundante vegetación durante la ruta junto a las cascadas
Abundante vegetación durante la ruta junto a las cascadas
Primera cascada de Las Nogaledas
Primera cascada de Las Nogaledas

Casi sin solución de continuidad las cascadas de Las Nogaledas comienzan a aparecer. En este caso el plato fuerte no se deja para el final, sino que lo tenemos nada más arrancar. La primera de las cascadas es la más impactante por su anchura y volumen de agua. Una masa armónica que golpea con violencia la roca. Con mucha precaución, podemos acercarnos a ella para sentirla aún más de cerca. Ascender por la garganta de Las Nogaledas es una forma de comprender la razón de que el río Jerte sea tan caudaloso. Está alimentando por el agua que desciende por las interminables gargantas que canalizan el agua del deshielo y de la lluvia. Una auténtica red de abastecimiento natural que engrandece uno de los enclaves más singulares de toda España.

Segunda de las cascadas de Las Nogaledas
Segunda de las cascadas de Las Nogaledas
'Selfie' ante una de las cascadas
‘Selfie’ ante una de las cascadas

Entre pasarelas de madera y escalones, la ruta zigzaguea para contemplar la parte alta de la primera cascada y, acto seguido, la segunda. Pasaremos también por una pequeña presa que regula la inusitada fuerza del agua y disfrutaremos de la tercera y cuarta cascada. Este primer tramo es el que suele estar más concurrido, ya que su accesibilidad permite que muchas personas que no hacen la ruta completa puedan acercase a disfrutar del espectáculo. Es normal ver a muchos visitantes con ‘look’ de calle, pero no olvidemos que estamos caminando por rocas, en muchos casos, mojadas. Por lo que siempre es conveniente acudir con calzado y ropa adecuados.

Subiendo por los escalones de la ruta de Las Nogaledas
Subiendo por los escalones de la ruta de Las Nogaledas
Una de las imágenes que nos regalan las cascadas de Las Nogaledas
Una de las imágenes que nos regalan las cascadas de Las Nogaledas

Cruzamos una pista para seguir subiendo en busca de las tres últimas cascadas. La quinta es muy pequeña, pero coqueta. Nos recordó a la Garganta del Oso en Candelario y cuenta con un pequeño mirador para disfrutar de ella. El bullicio de los visitantes desciende llegados a este punto y podemos dejar que el sonido del agua sea el absoluto dominador de la escena. Incluso es posible refrescarnos en una fuente doble que nos regala el sendero.

Séptima y última de las cascadas
Séptima y última de las cascadas

Un último esfuerzo nos permite plantarnos ante las dos últimas cascadas. La séptima es la más alta y pone el perfecto colofón a una sucesión de saltos que demuestran porque el valle del Jerte también es el valle del agua. Una pasarela permita cruzar la garganta, mirar frente a frente a la cascada y despedirse de la frondosidad de un paisaje que parece trasladarnos a la selva tropical costarricense, por ejemplo.

Fuente doble
Fuente doble
Vista del valle del Jerte desde la ruta
Vista del valle del Jerte desde la ruta

Regreso a cámara lenta entre cerezos en flor

Llegado a este punto el caminante tiene dos opciones. Una es deshacer lo andando y bajar de nuevo por las cascadas. Y la otra y más recomendable, es tomar la pista que nos ofrece la cara más popular y reconocible del valle del Jerte, la de sus cerezos. Nosotros obviamente nos decantamos por esta alternativa con el objetivo de hacer la ruta circular y, al mismo tiempo, contemplar los últimos compases de la floración de los cerezos. La mayoría habían perdido su vestido blanco y empezaban a lucir su atuendo verde, pero los de la parte más baja aún conservaban esas flores tan características que se han convertido en el principal reclamo turístico del Jerte. Con absoluto respeto con los árboles y con precaución ante la presencia de abejas y otros insectos polinizadores, es posible mimetizarse con los cerezos y captar imágenes para el recuerdo.

Cerezos en flor en el camino de regreso
Cerezos en flor en el camino de regreso
Ante uno de los cerezos florecidos de Las Nogaledas
Ante uno de los cerezos florecidos de Las Nogaledas
La flor de los cerezos del Jerte
La flor de los cerezos del Jerte

Casi sin darnos cuenta y después de una bajada constante, llegamos de nuevo a Navaconcejo. En total 6,7 kilómetros de una de la ruta más intensas que hemos realizado. Los que se queden con ganas de caminar más pueden desplazarse hasta la Garganta de los Infiernos y, los que prefieran un plan más sosegado, pueden ir en coche hasta la cascada del Caozo. Porque el Jerte es un abanico de planes para los amantes de la naturaleza. Por eso engancha e invita a visitarlo una y otra vez.

Pablo Montes y Estefanía Casillas
Periodista e Ingeniera Agrícola. Viajeros

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